jueves, 26 de enero de 2023

El mejor de los abrazos


Hace unos días se celebró el Día Internacional del Abrazo y no pude celebrarlo contigo. Es verdad que todo se va normalizando y nos acostumbramos a lo que nos toca vivir en cada momento, pero eso no significa que te haya olvidado. 

Pensar en ti es pensar en tus abrazos, extrañar la calidez de tu pecho y esa sensación de "hacer pie" cuando ya estás agotado de nadar. Con tu abrazo el mundo se paraba, pero yo no quería bajarme de él. Nos quedábamos en silencio sin necesidad de añadir nada y, sin embargo, no era un silencio incómodo sino un completo discurso que solo entienden las almas. 

La vida ha hecho trampas para que perdieras la partida pero yo ni siquiera te he borrado del teléfono. He aprendido a vivir sin el refugio de tu pecho, pero no te he olvidado. De hecho no quiero hacerlo, porque me he roto tantas veces contigo, que formas parte de mis pedazos. 

Fuiste cobijo en tardes de chocolate con churros. Kilómetros de carretera contándonos mil historias. La página de un libro que queda doblada en la esquina superior para identificar que allí hay un párrafo que queremos volver a leer, o la concha de mar que nos llevamos a casa para recordar aquel día que pasamos en la playa. 

Ya no te encuentro por ahí, ni te cuento mis secretos. Ya no formas parte de mi día a día pero tu recuerdo está lleno de memoria. Cuando  pienso en quién fuiste para mi, inevitablemente sonrío y me digo que, además de un gran descubrimiento, fuiste el mejor de los abrazos.   




Ilustración: Amanda Cass



jueves, 19 de enero de 2023

Una nota en el parabrisas

Hoy al subir al coche me di cuenta de que alguien había dejado una nota sujeta al limpia parabrisas. Sentí un pellizco interior y pensé en ti. En esa milésima de segundo en la que nos pasan un montón de cosas por la cabeza ante un acontecimiento inesperado,  pensé en todas la veces que me sorprendías con notas de amor. Quizás querías regresar y tu manera de hacérmelo saber era dejándome aquel papel de color blanco con un ligero doblez, que yo miraba fijamente desde detrás del volante. 

Estaba mojado. Justo un minuto antes, al salir de casa, pensé que había sido un acierto dejar el coche fuera para que la lluvia se llevara toda la tierra que habitualmente nos llega desde tierras africanas. En ese momento también pensé que no podía ser coincidencia, porque de haberlo dejado en el garaje tú no habrías podido dejar aquella nota que sólo podía significar tu deseo de volver a casa. Así me decías siempre, que volver a mi era como volver a casa, aunque no fuera la tuya.

Salí del coche. Recordé que necesitaba cambiar los limpia parabrisas desgastados por el tiempo. Saqué con cuidado el papel húmedo que probablemente solo contuviera dos palabras. No hacían falta más para reconstruir las ruinas de nuestra historia. 

Me senté nuevamente detrás del volante pensando que tendría que comprarme un vestido bonito para salir a celebrarlo juntos. Abrí el papel lentamente, sabiendo que después de leerlo nada sería igual...

No era tu letra. Aquellas palabras tampoco eran tuyas. La nota no era para mi, o quizás si, pero podría haber sido para cualquiera; para la vecina del segundo o el señor del taller de enfrente. Cualquier destinatario era válido. Efectivamente después de leer aquella nota, nada será igual porque entendí que tus notas no volverán a ser para mi, pero sobre todo recordé que lo mejor que puede sucederme es precisamente eso.

Arranqué para seguir con mi vida, conmigo, sin ti...pero con el coche limpio.


domingo, 1 de enero de 2023

Bienvenido 2023


En primer lugar y como no puede ser de otra manera,  feliz año nuevo para todos y mil gracias por asomarse a mis retales. 
Con este texto inauguro un 2023 que espero, sea un año de buena cosecha personal y que venga cargado de grandes momentos, en los que la alegría esté siempre presente y nunca falte el entusiasmo ni la inspiración.
Entre una cosa y otra, sin darnos cuenta porque estamos demasiado ocupados, ya nos hemos comido las uvas y hemos pasado de un año a otro.
Es ahora cuando volvemos a ser conscientes del vértigo de sentir la rapidez con la que el tiempo se nos escurre entre los dedos.
Me imagino que la mayoría de nosotros hemos tenido ese instante de echar la vista atrás y hacer balance del año que acabamos de despedir.
Seguramente han pasado delante de nuestros ojos un montón de instantes, buenos y malos, y hasta me atrevería a afirmar que muchos nos hemos preguntado: -"¿en qué momento pasó un año?"-.En realidad el tiempo es así; intangible, ingobernable e imparable.
La vida pasa tan rápidamente como los fotogramas de una película muda, sin pausa, porque el tiempo es implacable, no espera por nadie ni se detiene jamás.
A medida que vamos cumpliendo años comprendemos que, a su vez, el tiempo cura y que es el regalo más valioso que tenemos, precisamente porque no tiene precio pero sí un valor incalculable.
El tiempo es justo, no entiende de clases sociales, ni distingue entre colores, razas ni religiones. El año tiene 365 días para todo el mundo y hasta el peor de ellos, sólo dura 24 horas vayas donde vayas.
Por eso es tan importante que de vez en cuando, nos detengamos y nos preguntemos si estamos viviendo o sobreviviendo, si somos protagonistas o espectadores de nuestra historia. 
La vida no  va a pararse hasta que acabemos un proyecto o encontremos un trabajo mejor, ni hasta que perdamos esos kilos de más o nuestros hijos estén criados.
No podemos poner en pausa la vida hasta que terminemos de pagar la hipoteca, compremos el coche que nos gusta o realicemos ese viaje que hemos pospuesto.
La vida comienza hoy, la vida es ahora, la vida es en este momento. Si nosotros no pasamos por ella, la vida nos pasa por encima o quizás de largo, dejándonos esa sensación de tristeza por no haber sabido disfrutarla.
Cuando nos enfrentamos a momentos complicados, cuando la vista se nos pone cuesta arriba, cuando perdemos a un ser querido o miramos con nostalgia las fotos en las que no nos reconocemos, entendemos que la vida no era eso que pensábamos. 
La vida no nos exige tanto, somos nosotros quienes nos exigimos más cada día, volviéndonos competitivos hasta el punto de olvidarnos de vivir.
El mes de enero debe su nombre a Jano, el dios romano de las puertas, de los comienzos y de los finales. Quizás por eso, al cerrar la puerta de un año sentimos la necesidad de hacer una lista de propósitos, de plantearnos cambios, de marcarnos retos, de querer mejorar...esto se conoce como "el efecto de un nuevo comienzo". Como si de alguna manera pensáramos que al cambiar de año, es más fácil dejar atrás todo lo que no nos aporta o nos dificulta la vida.
Según un estudio, la forma en que expresamos nuestros propósitos condiciona que los consigamos o los abandonemos. La clave está en cambiar el "dejaré de..." por "comenzaré a..."
Vamos a intentar que en nuestra lista de propósitos para 2023, la prioridad sea comenzar a aprovechar nuestro tiempo para vivir.
Comenzar a querernos mejor, a sonreír más, a pedir perdón, a dar las gracias...
Vamos a tener esa conversación pendiente, hacer la llamada que no nos atrevimos, aprender a bailar, disfrutar del paisaje, darnos un capricho porque nos lo merecemos, ir al parque con más frecuencia.
Vamos a adoptar una mascota, pasear por la playa, sentarnos en una terraza. Vamos a quedar con amigos sin mirar el reloj, ir al cine, comer nuestro helado favorito, hacer deporte, escuchar música, retomar la lectura, escribir una carta a nuestro yo.
Comenzar a aprender cosas nuevas y también, quizás más importante, a desaprender aquellas que nos condicionan y nos paralizan.
La suma de momentos en los que nos sentimos bien, es lo que nos hace sentirnos vivos. Lo más parecido a la felicidad es aprender a disfrutar de nosotros mismos y de los instantes que compartimos con las personas que queremos. Vamos a darnos prioridad y a dejar de posponer las cosas sencillas de la vida que son las realmente importantes.
Y si decidimos asomarnos al pasado, que sea únicamente para quedarnos con lo bueno, para cerrar ciclos y colocar puntos finales donde ya no caben los puntos suspensivos.
Comencemos este nuevo año con paso firme pero ligeros de equipaje y así tener más espacio donde colocar las experiencias que vamos a vivir.
Feliz 2023


lunes, 12 de diciembre de 2022

El alma muerta

Se me acumulan los deberes y se me agotan las ganas. Se me pierde el tiempo y no sé a dónde ir a buscarlo. Estoy cansada de esperar la oportunidad que no llega, de que se haga realidad el sueño que, pensándolo bien, hasta dejé de soñar. 
He perdido la cuenta de las decepciones que cargo a cuestas, de las personas que un día se quitaron la careta para enseñarme que también decepciona quien menos te lo esperas. 
Acumulo el dolor de partidas de quiénes si han dejado huella. Arrastro fracasos personales y frustraciones que se hacen eternas. Sigo sin encontrar a la mujer que quiero ser, a la que un día fui y a la que sigo esperando de vuelta. 
Me paraliza el miedo, me encadena la tristeza. Me pesa el fracaso que llevo por dentro, no sé cuál ha sido el delito pero siento que cumplo una pena.
No me gusta lo que veo en el espejo, no me gusta ni siquiera que me vean. Siento que me desarmo con demasiada facilidad y que lloro con mucha frecuencia, que da igual lo que pase ahí fuera si me protege un nórdico de color chocolate o naranja si le doy la vuelta.
Quiero cerrar los ojos y creer que pronto todo va a cambiar porque dicen que con el tiempo todo llega, pero yo no tengo tanto tiempo, mi alma se empieza a poner vieja. La vejez no es una cuestión de edad, la vejez está en la cabeza y la mía desde hace tiempo, está muy lejos de la tierra.
Divago, planeo, proyecto...pero no tengo ilusiones que me sostengan. Mañana me volveré a disfrazar de negro, me volveré a poner la coleta y sonreiré y me reiré y hasta haré alguna broma...aún sintiendo que tengo el alma muerta.






P.D. Ilusitración de Amanda Cass 

jueves, 13 de octubre de 2022

Jugando a crear

Comparto otro de esos ejercicios con los que trato de fomentar mi creatividad porque he de reconocer que llevo mucho tiempo alejada de la escritura, pero al final siempre vuelvo a ella como quien regresa a casa.
Hoy les pedí a unas compañeras de clase que me dijeran algunas palabras sin que las pensaran demasiado. No les expliqué para qué e intuyo que lo que menos esperaban es que fuera para algo así, puesto que no están al corriente de esta faceta mía. 
He copiado el resultado tal cual quedó, sólo he sustituido sus nombres por los números y he puesto un color a cada una.

Este ha sido el resultado:

  1.- incondicional, amor, equilibrio

  2.- esperanza, sencillo, maravilloso

  3.- suerte, sabiduría, valentía

  4.- honestidad, humildad, amistad, seguridad, responsabilidad,                                 deseo, espectacular, fantástico. 

No sería fácil afrontar su nueva situación después de haber perdido la esperanza de que todo volviera a ser como antes, cuando sólo necesitaban mirarse para saber que todo iría bien.

Ni siquiera ella era la misma persona. Aquella mujer cuya seguridad en sí misma se apreciaba con tan sólo verla llegar a cualquier sitio, siempre con paso firme y decidido. ¿Cómo volver a ser la misma si había perdido el equilibrio de su vida? Ella que durante tanto  tiempo desafío a la suerte con la valentía de quien se tira al vacío confiando ciegamente en que su paracaídas se abrirá en el último momento evitando así un final sin retorno.

Haciendo balance de los últimos años, escudada en la más absoluta honestidad para consigo misma, debía reconocer que el amor y la amistad no entienden de rivalidades ni competiciones, sino que deben sostenerse el uno al otro con la suficiente humildad para entender que crecer juntos sólo es posible cuando ambos caminan en la misma dirección.

El funcionamiento de cualquier relación jamás puede ser responsabilidad exclusiva de una de las partes, ni se puede pensar que mereces que alguien, en nombre del amor, aguante tues desaires, caprichos o malestares de manera incondicional. Igual que un vaso se llena gota a gota, el amor como la paciencia , se derrama cuando se agota.

No, no sería fácil afrontar que su vida había cambiado y no dejaba de pensar en que todo hubiera sido más sencillo si el deseo de salvar la relación hubiera sido recíproco, pero no era el caso. El lo tenía claro y ya no era cosa de dos.

A veces ocurre que la vida nos pone delante a alguien fantástico, que nos enseña que el camino tiene un paisaje maravilloso, pero con la misma nos lo quita o lo perdemos por méritos propios. Y en ese punto de reflexión es cuando comprendes que las experiencias, buenas o malas, debemos convertirlas en sabiduría y ver en cada amanecer una oportunidad espectacular para reinventarnos.

 

Nota de la autora:

Es verdad, no era la misma, ni volvería a serlo pero estaba viva y eso era un motivo más que suficiente para luchar por sus sueños. En esos pensamientos se encontraba cuando se dio cuenta de que era hora de irse a la cama.

 

Espero que les haya gustado