jueves, 19 de abril de 2018

Un beso al cielo, para mi gran amigo Pedro Baeza.

"Siempre estarás, aunque no estés"

Hay personas que deberían ser eternas.
Personas que llegan a tu vida  y que a partir de ese momento, no puedes imaginar qué hubiera sido de ti si
n ellas. Personas que tienen la capacidad de transformar tu mundo aún sin pretenderlo.
Así eras tú amigo. La vida me regaló la oportunidad de conocerte hace muchos años. En ese período en el que era demasiado joven para saber que la vida a veces es muy puñetera y muy mayor como para jugar con muñecas.
Fue justo en ese momento de transformación personal de niña a mujer, estrenando mi segunda década de vida, cuando tú apareciste en ella. Quizás sea por eso, por lo que te convertiste en tantas cosas para mi. Mi primer jefe, mi protector, mi "padre", mi compañero, mi confidente, pero sobre todo MI AMIGO. Marcaste esos  años de mi vida adulta y mi incursión al mundo laboral con tus consejos, con tu confianza, con tu cariño y sobre todo con tu amistad incondicional.
Vivimos juntos muchísimas aventuras profesionales y personales, esas que siempre nos volvían a hacer esbozar una sonrisa. Los bocadillos "experimentales" que te llevaba para desayunar, las muchas veces que sonaba mi sintonía y yo saltaba de la cama sabiendo que me estabas esperando para empezar el magazine, micrófonos abiertos, grabadoras sin pilas, o la de veces que nuestro "helicóptero" nos dejó tirados en lugares perdidos de la mano de Dios. Sólo tú y yo sabemos dónde está "El precio justo" y dónde se puede visitar a la "Virgen de la Esperanza" (cómo nos gustaba cambiarle el nombre a los sitios).
Nos  convertimos durante un tiempo en inseparables, hasta el punto de aprender a quererte tal cual eras, a pesar de que muchas veces me sacaste de mis casillas con tu impuntualidad y parsimonia, porque anda que no te gastabas una buena pachorra (como diría mi madre).
Quererte siempre fue fácil, porque tú te hacías querer, y si no, que se lo pregunten a cualquiera de las personas que te conoció bien. Siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesitara, a pesar de que muchas veces eras tú quién más ayuda necesitaba. Contigo era simple hablar de todo y de nada. Podíamos pasar horas hablando sin parar y también horas parados sin hablar, sólo haciéndonos compañía, o escuchando música, sobre todo la de la tierra, que tanto defendías por encima de todo. Porque si algo te caracterizaba era tu amor por las islas, tu canariedad, tu defensa a ultranza de nuestra cultura popular, del léxico canario y de nuestro patrimono, Nunca olvidaré tres palabras que formaban parte de tu bandera...tipismo, folclore y tradición.
Estar a tu lado cada día era una nueva oportunidad de crecer profesional y personalmente. Me introdujiste en lugares, ambientes y situaciones completamente nuevas para mi. Cultura, política, sociedad, música...siempre con la finalidad de hacerme crecer, de demostrarme que nada ni nadie era mejor que yo, que debía afrontar todos los retos con voluntad y ganas, y sobre todo, demostrándome que lo único necesario para ganar cualquier batalla es la confianza en uno mismo.
Nunca tuviste complejos a nivel profesional, fuiste un gran autodidacta. No te tembló la voz para enfrentarte a nada ni a nadie. Lo mismo entrevistabas a D.Isidro, el campanero, en paz descanse, como al Presidente del Gobierno de Canarias. Creías en ti mismo y por eso, no te amilanabas ante nada ni nadie.
Con tu peculiar olfato periodístico, lo mismo hablabas del "Campo chasnero", como realizabas un reportaje de investigación. Yo me reía mucho con tus dotes de "detective", siempre con aquella mochila gris a cuestas, en la que guardabas todo tu arsenal.
Defendiste siempre tus ideales, los personales y los políticos, a pesar de que tu integridad y honestidad para con tus principios, a veces te trajo más problemas que beneficios.
Jamás te vi una mala cara, ni dar una mala respuesta o una mala contestación. Tu paciencia conmigo era infinita y tu humildad con quienes te queríamos y admirábamos, te hacía cada día más grande.
Me enseñaste a creer en mi, aunque sigo pensando que creías tú más en mi que yo misma. En eso te estaré eternamente agradecida. Sé que siempre te sentiste orgulloso de mi, a pesar de mis derrotas y caídas, y que celebraste cada uno de mis éxitos. Siempre tuviste un momento de tu tiempo para recordarme que por algo habías apostado por mi. Guardaré tus mensajes para no olvidarlo.
Compartimos cientos de horas de radio, miles de kilómetros de carretera, siempre en busca de la noticia y de acercarnos a la gente del pueblo. Supiste hacer pueblo, así te conocí yo y así te conoció mucha gente. Así fueron tus comienzos en la radio, "haciendo pueblo".
Desde tu "Atalaya del sur", le diste voz a mucha gente y fuiste la voz de otra tanta. Hiciste el ruido suficiente para que muchas demandas sociales tuvieran un buen desenlace, para que mucha gente confíara en ti en busca de soluciones. Pero te fuiste en silencio, de puntillas. Dada tu humildad y elegancia, elegiste la puerta de atrás para no llamar la atención, para intentar causar el menor dolor posible. Aún así, tu pérdida no ha pasado desapercibida.
Tu huella permanecerá siempre en el recuerdo, porque fuiste el precursor de muchas iniciativas que siempre estarán asociadas a tu nombre.
Siempre te recordaré como un ser especial, con tu eterna sonrisa y la mirada más limpia que he conocido.
D.E.P. maestro.
Te querré y te recordaré siempre.

Un beso infinito al cielo.
Con cariño, a mi gran amigo Pedro A. Baeza Reyes.

sábado, 7 de abril de 2018

Conexión inconexa

Ya sé que hace poco tiempo que nos conocemos y en realidad lo que se dice conocernos, nos conocemos más bien poco. Pero ¿sabes aquello de que hay gente que llega a tu vida y es como si llevara toda la vida en ella? pues algo así me sucedió contigo. 
Un cruce de palabras, un mirarnos a los ojos y sin saber cómo, cuando me di cuenta amanecía contigo aún sin dormir a tu lado. Por cierto, qué ganas tengo de dormir contigo. Sí, no te asustes, que sólo hablo de dormir. Porque aunque no te lo creas, soy de las que piensa que lo difícil  es dormir con alguien y despertar a su lado con la ropa puesta. Y no es que no me apetezca explorar tu cuerpo y fundirme entre tus brazos, es sólo que para mi es más importante dormir con alguien que acostarme con él. Para lo segundo, muchos valen, lo difícil es encontrar a ese alguien con quien querer despertarse. 
A lo que iba, llegaste y fue como si siempre hubieras estado emitiendo señales. Tu presencia entró de lleno en mi frecuencia y no hablo de la horaria precisamente, que en eso, somos muy dispares. A mi me gusta la noche, el silencio, la calma y tú eres de los "normales". No es que yo no lo sea, sólo que para serte sincera, me gusta vivir la noche que no es igual que vivir las noches en vela.
No sé exactamente qué pasó pero sentí un chispazo casi de inmediato. Todo mi ser quería conectarse con el tuyo. Fue como si de pronto, mi cuerpo, mi mente y mi vida resucitaran. Fue un resurgir de lo hondo, un regresar de la nada. Lo confieso: estaba un poco muerta, seca y desganada.
Y en un alarde sincero, también te confieso que  ya me he dado cuenta de que tu mundo y el mío tienen una conexión inconexa. No termino de encontrarte porque das demasiadas vueltas.
Tú tienes mi tornillo pero yo no soy tu tuerca. Tú quieres llenar un vacío pero no es el mío el que llenas.
No sé por qué te cuento esto, si en realidad no somos nada, ni lo fuimos y lo más probable es que nunca lleguemos a serlo. Mi suerte y la tuya, juegan en campos distintos. Mis labios y tu boca son rivales de juego. Tú crees que si gano yo, eres tú quien sale perdiendo y aunque me dejaría ganar con tal de robarte un beso, no quiero ganar perdiendo. Ojalá te dieras cuenta, de que vale la pena el intento, porque despertarme a tu lado para mi no es ningún un juego.
Me gustaría pensar que aún podemos ser algo más que dos extraños, algo más que dos amigos, algo más que dos mitades y algo más que dos destinos.
Si por lo que fuera no pudiera ser, sólo quiero que sepas, que ha sido un placer el haberte conocido.

lunes, 2 de abril de 2018

De repente.

Y de repente tú...
De repente tus ojos se cruzaron con los míos y ya nada volvió a ser igual en mi ordenado mundo, donde todo tenía un por qué y ahora tiene un por qué no. Aquel día supe que el desorden de los factores, sí altera el producto.
Tus ojos deben ser de otro planeta, al menos yo no había encontrado aún en éste, una mirada tan limpia y profunda como la tuya. Una mirada capaz de decir y desdecir, porque lo mismo  me lo dices todo con ella como no me dices nada. Cuando me miras siento que eres capaz de pellizcarme el alma.
De repente un baile de mariposas, un vaivén de desconciertos, un volar de golondrinas. De repente todo eso cobró vida en mi interior, luchando por salir de mis entrañas.
De repente tu sonrisa, sensual, traviesa, evocadora. Una sonrisa con matices, porque a veces sonríes sin sonreír y yo, que soy muy tonta, siempre pienso que es por mi. Tu sonrisa es capaz de transformar mis ganas, o mejor dicho mis desganas que, a tu lado, son ganas otra vez.
De repente tu aroma, a nuevo, a limpio, a aire puro fresco después de la lluvia. Hueles a arco iris, a nube de azúcar, a fruta recién cogida y a veces a buen café.
De repente tu boca. Tu boca sí es difícil de describir. Me cuesta un mundo contener las ganas que tengo de besarte. Eres una tentación que no quiero resistir. Yo que me he pasado media vida haciendo dietas, por tu boca sería capaz de desbocarme, de comerme el mundo y hasta de devorar el tiempo. De empacharme con todas las normas y protocolos existentes para atiborrarme de ti. Aunque a la mañana siguiente también tuviera que comerme los remordimientos.
De repente tus manos, las manos más bonitas que puedan existir, al menos así las veo yo. Sólo quiero que sean esas manos, tus manos, las que dibujen los trazos de mi piel. Sólo quiero que sean tus dedos los que escriban corazones e infinitos en mi espalda, mientras descubres los lunares que a otros oculté.
De repente tú, tan igual a mi y tan distinto al resto. 
De repente todo parecía perfecto.
Hasta que también de repente se encontraron mis ganas con tus miedos. Mis "ahora" con tus "después". Mis palabras con tus silencios. Y de repente no fue nada de lo que pudo ser.
Y así como vino, de repente, sin previa cita, sin cita previa, de repente, también se fue.

viernes, 30 de marzo de 2018

Hoy no tenías que venir...

Hoy no, hoy no tenía previsto recordar. Hoy no era el día, ni el momento ni estaba en el lugar. Pero las cosas a veces llegan solas, sin buscarlas se dejan encontrar.
Hoy no quería pensar en ti, hoy no tenía previsto revivirte. Hoy no entraba en mis planes recordarte.
Ya me resulta cansino que vengas sin avisar y que yo siempre esté ahí para recibirte aunque no sea con los brazos abiertos. No sé por qué siempre dejo que me quites la ropa, y no precisamente  la de andar por casa, esa que tanta gracia te hacía porque más bien era tuya que mía; sino la que cubre mis temores, mis miserias y manías.
Hoy no, esta noche no quería visita. Esta noche era para mi, conmigo misma. Pero como siempre que entras por la puerta, he sido incapaz de echarte a patadas, que es lo que realmente mereces por hacerme tan pequeña y recordarme que no todos los cuentos son de hadas.
Quizás sea yo quien algún día se cuele en tu vida sin avisarte, sin que lo esperes, y entonces recibas de tu propia medicina. Ojalá algún día seas tú quien no se resista a abrirme la puerta o que yo sea tan fuerte que nada me impida pasar.
Hoy no tenías que haber regresado, pero lo has hecho. Disfrazado  de canción, de frase, de imagen. De repente todo me recuerda a ti. Todo tiene tu forma o sencillamente tú formas parte de todo. No lo sé.
Hoy que me propuse cruzar otros caminos, descubrir otros destinos y desvestirme en otros brazos.
Hoy que quería pronunciar otro nombre, acariciar otro cuerpo y besar otros labios.
Hoy que me decidí a ponerme tacones para escuchar el sonido de mis pasos.
Hoy, una vez más, tu recuerdo vuelve para burlarse de mi.
Hoy no tenías que estar, hoy no tenías que ser, hoy no debiste volver...hoy no.

domingo, 11 de febrero de 2018

Silencio

De los aproximadamente 100.000 términos que conforman nuestro lenguaje, no pronunció ninguno. Ni una sola palabra. Silencio rotundo hasta la extenuación.
Nosotros que siempre supimos comunicarnos, expresar los sentimientos. Decir lo que pensábamos, brindar por nuestros sueños.
De repente me fui perdiendo en su silencio, en las huellas de sus pasos, en la lejanía de su cuerpo.
Intenté encontrar algún rastro de sus besos en mi piel.
Busqué aquella mirada que dejó de ser cómplice y pasó a ser complicada.

Y con su silencio, supe que no habría más promesas, ni momentos que inventar.
Que su cuerpo no volvería a ser mío porque su corazón estaba muy lejos de mi.
Aquel maldito día se esfumó detrás de la puerta sin decir adios.
Se apagó el eco de su risa y mis pupilas verdes se ahogaron de dolor.
Sin ninguna explicación, su voz se hizo silencio.
Se marchó, sin pena ni gloria. Sin dramas, sin argumentos.
Al otro lado de la puerta...yo. Sola, dolorida, rota.
Supe que aquello era el final. El final para un nuevo comienzo.