sábado, 31 de octubre de 2020

Morir menos cada día.

Basta de seguir creyendo que la culpa siempre es tuya. Basta de asumir los errores de otros como propios y de sufrir por angustias ajenas. Es el momento de aflojar las cuerdas que desde hace años oprimen los pliegues de tu alma y amordazan la libertad emocional que tanto anhelas. Llevas demasiado tiempo paralizada por el miedo que te ancla los pies en un pantano de desconcierto y frustración. Esta no es la vida que querías. Sabes que en la otra orilla quizás acechan otros peligros, otras fieras, pero debes correr el riesgo de descubrirlo. 

Tienes que luchar contra tus miedos y fantasmas para cruzar al otro lado. Si te fallan las fuerzas déjate llevar por la corriente aunque parezca agua mansa. No te asustes si el bosque se torna tan frondoso que pierdes de vista el embarcadero, antes o después encontrarás tierra firme para tus pasos.

Despierta de esa somnolencia que adormece tus  metas y las hace parecer lejanas, incluso inalcanzables. Basta ya de permitir que sean otros quienes condicionen tus decisiones y proyectos. No permitas que nadie determine tus tiempos. El tiempo pasado así como el tiempo perdido no es recuperable, ni transferible. No se puede rescatar, ni vender ni comprar.  

Nunca serás tan joven como ahora, ni tan feliz o infeliz como ahora, ni tan fuerte ni tan débil como ahora. Serás simplemente diferente  porque el tiempo siempre hace los deberes y nos transforma, pone cada cosa y a cada persona en el lugar que corresponde. Cuando olvides que todo pasa, piensa en la mariposa que, después de creer que muere, victoriosa despliega sus alas.

Vivir es cuestión de sentir que morimos cada día un poco menos, aunque la vida no deje de ser el recorrido que nos acerca a la muerte. Así que ya basta, ya es hora de vivir tu tiempo como quieras, sacando de tu vida todo aquello que oprime tu libertad de ser quien quieres ser, especialmente de todo lo que secuestra a la persona que en realidad eres. No piensas en la que fuiste ni en la que serás,  sino en la que grita silenciosamente "déjame salir, déjame ser...déjame vivir".

domingo, 18 de octubre de 2020

Una relación de pareja.

Está muy claro que cada relación es única, que la forma de querer de cada persona es distinta, y que nadie tiene derecho a inmiscuirse en los sentimientos de un tercero. Por ello, no tengo ningún interés en meterme donde no me llaman, pero cuando tu balanza sentimental anda "desequilibrada" quizás deberíamos hacer ciertas reflexiones, que nos ayuden a encontrar alguna respuesta a las tantas preguntas que nos quitan el sueño.
Una relación de pareja nunca debe ser dañina para ninguna de las partes, eso de que el amor es sinónimo de sufrimiento, es mentira. El amor debe enriquecernos, y nunca hacernos sentir desdichados, por carecer de cosas tan básicas como una palabra de aliento cuando nos vence el desánimo; un abrazo que nos transmita la seguridad que nos falta; un piropo que nos levante la autoestima; un guiño a modo de "no pasa nada" o una sonrisa cuando la nuestra se esfumó por cualquier motivo.
La persona con la que decidimos compartir nuestra vida, debe complementarnos y nunca jamás hacernos sombra. Una relación de pareja no es una competición individual, a ver quién sale victorioso, es una carrera a la par, en la que tanto los éxitos como los fracasos, son cosa de dos.
En una relación de pareja, no se deben hacer comparaciones con personas que pasaron antes por nuestra vida. Cada persona es única e irrepetible, y las comparaciones no sólo son odiosas, sino que no tienen cabida. Si tan especial e importante era "la otra" como para compararte constantemente con ella, deberías preguntarte qué carajo hace contigo. ¿Te quiere realmente o simplemente pretende llenar un vacio?.
En una relación de pareja lo más importante no es compartir lo bueno y lo positivo de la vida, sino aprender a superar juntos los sinsabores, los problemas y las dificultades.
Sentir que por muy duro que sea el momento, nuestro dolor es más ligero porque hay alguien que soporta como suyo, nuestro propio peso.
La primera persona que vemos cada mañana al despertar, debe ser el confidente de nuestros sueños, y la llave de nuestro diario. Debe ser esa persona que con sólo mirarnos se de cuenta de lo que otras no son capaces de percibir.
La persona que realmente nos quiere, acepta cada uno de nuestros defectos sin pretender cambiarnos, nos hace sentir la mujer más atractiva del mundo, aún cuando nosotras mismas odiemos nuestra imagen en el espejo. Esa persona entenderá nuestros miedos y nos llevará orgulloso de la mano aún sin saber cuál es el destino.
En una relación de pareja lo que menos importa es cómo vamos a llegar a fin de mes, lo único que cuenta es que lleguemos juntos, con más o menos sacrificios.
Está claro que no todo será bueno y bonito, porque el amor forma parte de la vida, y la vida está llena de momentos complicados. Lo que no es de recibo, es que sea precisamente el amor que compartes con alguien, lo que haga más complicada tu vida.
El amor de pareja debe ser un  "quid por quo" «algo por algo» o «algo a cambio de algo». Yo al menos, no lo entiendo de otra manera. No me vale eso de que "el amor es darlo todo sin esperar nada a cambio".El amor tiene que ser correspondido, de lo contrario sería como afirmar que un monólogo se convierte en un diálogo sólo porque haya alguien escuchando. 
Si lees este post, lo único que te pido es que pienses muy bien lo que quieres en tu vida y sobre todo, si es a él a quien quieres en tu vida. Piensa detenidamente si la persona con la que compartes tu día a día, te aporta lo que te mereces, ni más ni menos. Bajo ningún concepto te conformes con migajas.
Eres una persona, autosuficiente, preparada, alegre y divertida. No permitas que  nadie te robe la sonrisa. Ya una vez dejaste muchas cosas en el camino por un amor mal entendido, por un amor que te empequeñeció a pesar de lo grande que eres.
Para concluir, una frase que me gustó mucho y que ya un día te recomendé: 
"Solía pensar que la peor cosa en la vida era terminar solo. No lo es. Lo peor de la vida es terminar con alguien que te hace sentir solo" (Robin Willians)

Nota: Este post es una reedición. El original fue publicado en este blog en febrero de 2013.
He cambiado la imagen que lo ilustra así como algunas palabras y frases que he modificado o añadido.


jueves, 3 de septiembre de 2020

No esperes...

No esperes que me quede callada cuando mi alma grita, 
ni esperes que diga algo cuando mi corazón esté muerto.
No le temas a mis palabras por muy duras que sean, 
si has de temerle a algo, témele a mi silencio.

Cuando no me importen las preguntas,
tampoco me importarán las respuestas.
No esperes que te espere para siempre, 
puedes entrar y salir cuando quieras
pero no esperes que nadie ocupe tu sitio
si decides salir por esa puerta.
No voy a pedir que te quedes, 
te ayudaré a preparar la maleta,
si decides seguir adelante sin mi, 
si prefieres vivir por tu cuenta.
Eres libre de elegir, 
libre de dar media vuelta, 
pero hagas lo que hagas 
y decidas lo que decidas,
recuerda que el tiempo no nos espera.

jueves, 9 de julio de 2020

Dos años sin ti

(Con todo el corazón, a mi gran e inolvidable amigo, maestro y compañero, Pedro Baeza)

A veces regresas como si nunca te hubieras marchado, como si tu ausencia durante estos años fuera una mera anécdota para echarte de menos. Vuelves por la puerta principal y abres con tu propia llave porque nunca voy a cambiar el cerrojo que abre los momentos compartidos, las experiencias que tuvimos la suerte de vivir juntos y el sendero que recorrí tras de ti, siguiendo la señales que me ibas dejando para que no me perdiera en mi caminar. Siempre fuiste marcando el camino para que yo me abriera paso con menor dificultad.
Ahora que se cumplen dos años de tu ausencia, vuelves a mi mente para recordarme la gran suerte que tuve al conocerte, pero sobre todo, la gran suerte que tuve de que me quisieras de aquella manera tan limpia y desinteresada, que no todo el mundo tiene la capacidad de comprender.
Me enseñaste la nobleza del ser humano cuando vi tu manera de gestionar ciertas injusticias, dejando siempre a un lado cualquier tipo de rencor, dándole importancia sólo a lo que aportara paz a tu vida y poniendo en valor cualidades como la honestidad y la sinceridad. Nunca mostraste ni un ápice de egoísmo y las cosas materiales para ti carecían de valor.
Siempre agradeceré tus "tirones de oreja" cuando considerabas que mi comportamiento no era el adecuado y que a quien verdaderamente dañaba, era a mi. No es que tenga precisamente el mejor carácter del mundo, pero contigo era complicado "no atender a razones".
Me hiciste crecer en todos los aspectos de mi vida, pero sobre todo me hiciste sentir grande aún sintiéndome tan pequeña a tu lado. Creíste en mi y eso nunca lo podré olvidar. No se puede olvidar a alguien que cree en ti más que tú misma. No se puede olvidar a alguien que sólo con mirarte a los ojos te regala instantes de vida. 
Lo que más echo de menos es poder marcar tu número y escuchar tu voz. Esa voz que llevo grabada a fuego en mi alma, esa voz que tan popular te hizo y se hizo. Esa voz que llegó a tanta gente a través de los muchos programas de radio que hiciste, pero sobre todo esa voz del pueblo, porque tú eras patrimonio de nuestro pueblo, de nuestra tierra y tu alma siempre impregnaba tus palabras.
Me enseñaste a querer, a apreciar y valorar la cultura de estas islas cuando ni siquiera sabía que una de las canciones más bonitas del mundo, tiene acento canario en la voz de Luis Morera, (Taburiente) convirtiéndose en nuestra banda sonora. Quiero que sepas que aún  la escucho de vez en cuando para sentirte cerca y recordar aquella etapa profesional que hoy puedo afirmar rotundamente, ha sido la mejor de mi vida.
-"¿Sabes amigo?"- me haces mucha falta. Me hace falta decirte una vez más lo mucho que te quiero, porque yo te sigo queriendo y eso no lo va a cambiar nada en el mundo. Lo mucho que te agradezco todo el tiempo que me dedicaste, todo lo que me transmitiste, pero sobre todo, lo mucho que me enseñaste.
Ojalá todo el mundo tuviera la oportunidad a lo largo de su vida de tropezar con gente como tú. No me extraña que hayas dejado tanto vacío entre quienes te queríamos. Eras el invitado perfecto para cualquier momento y ocasión porque al final, sin pretenderlo, te convertías en el centro de atención de todas las miradas, pero sobre todo, de todos los que querían aprender algo escuchando. Ese era tu don, una de tus principales virtudes, atraer la atención de la gente por la magia que desprendías, por tu inagotable paciencia y tu infinito respeto a todos los pensamientos e ideologías. Pero sobre todo eras mi amigo perfecto. Ese amigo con el que disfruté de momentos inolvidables, pero también ese amigo que estaba disponible para escucharme y aconsejarme a cualquier hora del día. Nunca tuve reparo en llamarte "por si no era el momento"; tú siempre tenías tiempo para mi.
Cada vez que pienso en ti, me invade una profunda tristeza porque siento que me quedaron tantas cosas que decirte, tanto que agradecerte y tanto que recordarte. Te pienso y puedo ver tus ojos verdes, con esa mirada tan serena que tenías, observándome. Reconocería tus ojos en cualquier lugar del mundo y daría lo que fuera por volver a tenerlos delante, como pocos meses antes de tu partida, cuando me miraste por última vez y me regalaste la que, sin saberlo, sería para mi tú última sonrisa.
Amigo, no sé si sirven de algo mis letras, pero te aseguro que si es verdad que nadie muere mientras se le recuerde, tú vivirás eternamente para mi.
Hoy hubiera sido tu cumpleaños, y te habría llamado para felicitarte y desearte lo mejor del mundo, así que desde este rincón donde más siento que soy yo, a través de estos retales que tú también seguías, te mando un beso tan eterno como tu recuerdo.
Gracias por todo maestro.
Feliz cumpleaños!!!


Nota1: Me hubiera encantado poner tu fotografía, pero tu imagen le tengo en mi retina, así que te regalo algo tan representativo como el cartel de la autopista del norte.

Nota2: Espero que allá arriba estés celebrando tu cumple como a ti te gustaba, de parranda con los amigos mientras suenan el timple y la guitarra.

jueves, 2 de julio de 2020

Gracias por tu impuntualidad

Te perdono por no llegar puntual  a mi vida. Tu retraso me ha dejado  tiempo para surcar otros mares, recorrer otros caminos y volar por otros cielos.
Es precisamente tu impuntualidad la que me ha permitido llenar mi equipaje de otras experiencias, de vivir en otros ojos y morir en otros cuerpos. Por eso, no sólo te perdono sino que además te doy las gracias.
Pensándolo bien, quizás no llegues con retraso sino que aparecerás en el momento preciso, cuando las cicatrices de mi alma estén completamente disueltas.
Es ahora cuando las arrugas me recuerdan que los años pasan volando, que el tiempo nunca espera y que a lo tonto, sin prisa pero sin pausa, he cumplido cuarenta primaveras.
Es ahora cuando el tiempo cobra sentido. Es ahora cuando empiezo a sentir que la vida pasa deprisa y que lo único que realmente vale la pena coleccionar, son los buenos recuerdos. 
Tras décadas de idas y venidas, subidas y bajadas, confío en que en algún momento llegarás para recordarme que todo es mucho más simple de lo que creía.
No sé si lo harás haciendo ruido o vendrás de puntillas, pero sí tengo el convencimiento de que sabré que eres tú.
Mientras espero estoy aprendiendo que, si te sientes viva, la vida es mucho más vida.
Tu impuntualidad me da margen para descubrir que sola estoy completa pero que contigo seré más yo.
Es verdad que me sentí segura en otros brazos, pero nunca tuve claro querer pasar en ellos el resto de mi existir. 
Te perdono porque mientras te espero, aprendo  a perdonarme a mi misma, trabajo duro y difícil para mi, que me he pasado media vida reprochándome, cuestionándome, siendo mi peor juez.
En este impás de espera, necesito empezar a perdonarme por los cientos de tropiezos, convenciéndome de que son necesarios para crecer. Ningún camino está exento de obstáculos.
Estoy en el proceso de perdonarme por no luchar por los sueños que abandoné a su suerte en las garras del miedo, ese miedo que tantas cosas me ha hecho perder. 
Me pido perdón por los días que taché del calendario y que no fui capaz de vivir.
Por los besos que quise dar y no me atreví.
Por los abrazos que no supe valorar y los perdones que se quedaron en meras intenciones, sin pedir ni recibir.
Necesito perdonarme por pensar en el qué dirán mucho más que en mi. 
Me pido perdón por el desorden de emociones que muchas veces causé, por la incoherencia de mis actos y el mal ejemplo que fui.
Tu empeño en llegar tarde a mi vida quizás sea sólo una estrategia para que tú también sepas, la falta que yo te hacía a ti, y puestos a perdonarnos, espero que me perdones a mi.
Y aunque me cueste perdonarte por haberme privado durante todos estos años  de tu risa, de tus besos y de tu todo, agradezco tu tardanza. Estoy segura de que cuando llegues, sentiré que eres tú, sentirás que soy yo, y entonces comprenderemos por qué no funcionó con nadie más.

Nota de la autora: escribí y publiqué este post el día 14 de octubre de 2017. Le he cambiado la  imagen por una cuestión personal. Dejo por aquí el enlace original para que no haya ningún tipo de duda de la autoría del mismo.