lunes, 31 de agosto de 2009

El principio de un comienzo

Me enfrento a una hoja en blanco que quiero llenar con tu esencia, impregnando de ti cada línea. Quiero que esta página lleve tu nombre y tu aroma, y poder describir en ella lo que siento cuando estoy contigo y también cuando estoy sin ti.
Quizás no te haya conocido en el mejor momento de mi vida, pero sin duda, conocerte ha cambiado mi rumbo. Tampoco creo que haya momentos mejores o peores para enamorarse, simplemente momentos.
Llegaste sin previo aviso, sin manual de instrucciones y sin prospecto. Nadie me advirtió que conocerte podría causarme efectos secundarios, que provocabas dependencia. Ahora cada día necesito una dosis mayor de ti porque te has convertido en el remedio para todas mis penas y en el mejor acompañamiento para mis alegrías. Eres como un “chute” de energía, que me recuerda que estoy viva.
Contigo estoy aprendiendo a valorar de nuevo las cosas sencillas de la vida. Cuando tus ojos oscuros, tan limpios y transparentes se cruzan con los míos, me doy cuenta de que la felicidad no se compra con dinero, que un beso tuyo, una sonrisa o una caricia, valen más que todo lo que tengo.
Desde que llegaste a mi vida sólo deseo que no te marches nunca más. Quisiera poder levantarme cada mañana a tu lado y saber que contigo nunca voy a tener miedo de enfrentarme a nada, porque reúnes todas esas cualidades que yo siempre he buscado en mi compañero de viaje.
No has permitido que los golpes de la vida hagan mella en tu forma de ser, conservando la ternura, la inocencia y la frescura de un niño. No dejes que nada ni nadie te arrebate eso.
Admiro tu capacidad de lucha, tu afán de superación y tus ganas de progresar.
Sé que a tu lado cualquier obstáculo se hará pequeño, porque con tu forma de ver la vida me estás enseñando a preocuparme lo justo y a darle a las cosas la importancia que realmente tienen.
Estoy inmensamente orgullosa de ti, no sólo porque eres un artista de los pies a la cabeza, sino porque eres un ejemplo de que la humildad y la sencillez hacen grande al ser humano.
Sé que te quiero aunque a veces ni yo misma sepa cuánto, pero cuando te siento lejos o te pienso en la distancia, sé que no me equivoco con lo que siento.
Sé que te necesito porque cada minuto te extraño y siento celos de todo lo que te rodea cuando no te tengo en mis brazos.
Sé que quiero que formes parte de mi mañana, porque mi futuro lo planteo contigo.
Y quiero pensar cada día que “esto va a salir pa´lante".

jueves, 27 de agosto de 2009

Estoy de vacaciones

Hola de nuevo.
Por si alguien me ha extrañado en las últimas semanas, quiero comenzar diciendo que estoy disfrutando de mi período vacacional, por lo que me he apartado un poco de este rinconcito en el que comparto contigo mis pensamientos y experiencias.
Como novedad, te diré que una nueva primavera se ha colado en mi vida, y con ella van 32. La semana pasada celebré mi cumpleaños, y la verdad es que creo que nunca en la vida lo había celebrado con tanto interés y entusiasmo. Supongo que por las circunstancias actuales de mi vida, necesitaba que este año fuera diferente, y afortunadamente lo conseguí gracias al apoyo de personas importantes para mi, que se están tomando muchas molestias para hacerme sentir bien y que la tristezas y los recuerdos no acampen a sus anchas en mi vida.
Me siento muy bien en estos momentos, aunque reconozco que hay instantes en los que las cosas más simples, se me hacen complicadas.
Remontándome a mi cumpleaños el pasado 19 de agosto, tengo que decir que la noche antes me dio un bajón de nostalgia, de pena. No por hacerme un poco más mayor, sino por lo mucho que te cambia la vida de un año para otro.
No quiero detallar qué cosas me pusieron triste esa noche, pero sí tengo que decir que también tenía grandes motivos para estar alegre y sentirme feliz. Entre ellos, el hecho de saber que sigo siendo importante para algunas personas que me quieren, ese es sin duda el mejor regalo que se puede recibir.
En cuanto a mis vacaciones, las estoy intentando disfrutar tanto como puedo aunque a veces siento que podría sacarles un poco más de provecho. Creo que todos andamos un poco obsesionados con exprimir bien nuestras vacaciones y por eso a veces no las disfrutamos tanto como deberíamos. Nos preocupamos demasiado en querer hacer millones de cosas, en sentir que no perdemos el tiempo, pero a veces es necesario cambiar el chip y pensar que precisamente el no hacer nada, forma parte del encanto vacacional.
Tengo muchas otras cosas que contarte, impresiones que compartir contigo pero hoy me toca disfrutar un poco de la playa y de mi madre, así que en breve...te pondré al corriente de cómo va mi vida.
Por cierto, si me has echado de menos al menos un segundo...GRACIAS.

viernes, 14 de agosto de 2009

Recordar es revivir

Por fortuna o por desgracia, los recuerdos que cada persona conserva en su cabeza son inviolables e intransferibles. Nadie puede arrancarte esa parte de ti, aunque hay recuerdos que bien merecieran desaparecer para siempre.
Hay recuerdos que evitamos desempolvar, creyendo que si los mantenemos al margen podrían incluso terminar esfumándose.
El problema llega cuando por cualquier circunstancia no nos queda más remedio que revolver en nuestra mente y revivir esos momentos por los que hubiésemos preferido no tener que pasar nunca.
Esta semana me he tenido que enfrentar a esa situación y todavía tengo el sabor amargo de saber que fue real, que lo que está en mi cabeza no es ningún invento, que fue a mi a quien le sucedió, que me guste o no lo viví, por mucho que me empeñe en creer que fue un mal sueño.
Fue un momento difícil para mi enfrentarme, ante completos desconocidos, a una realidad que no me gusta, pero de la que lamentablemente no puedo escapar hasta que las cosas se resuelvan y llegue al final de este laberinto psicológico en el que encuentro.
Por una parte sé que mi “cacao mental” se debe a que no ha pasado el tiempo suficiente como para cerrar ese capítulo de mi vida y continuar como si nada hubiera pasado. Entre otras cosas porque ese capítulo lleva consigo una estela legal que lo complica todo un poco más, y ya se sabe que las cosas de palacio van despacio.
Estoy mucho más fuerte que hace unos meses para afrontar esta situación, pero inevitablemente tengo momentos en los que me siento insegura y desorientada. Momentos en los que siento una gran angustia y pena por haber llegado a esta situación, llegando incluso a sentirme culpable por no dar marcha atrás y ser capaz de dar un manotazo al pasado, sin nuevas oportunidades.
Tengo muchas ganas de terminar con todo esto. Ganas de cerrar bajo llave una etapa de mi vida que, por supuesto tuvo cosas muy bonitas que no voy a olvidar, pero que terminó como tantas otras cosas acaban en la vida.
Sé que estoy haciendo lo correcto, pero duele. Duele arrancarte una parte de tu vida, duele recordar, duele revivir.

lunes, 10 de agosto de 2009

Tu nombre está en el aire

Este lunes ha comenzado con un sabor diferente, con un olor especial. Este lunes lleva tu nombre en el aire y tus besos en mi piel.
Hoy no tendré que esperar a que sea casi media noche para encontrarme otra vez con tus ojos y darte un abrazo con todas mis fuerzas, tratando de vengarme del tiempo que he pasado extrañándote.
Quisiera adelantar el reloj del tiempo y el de mi propia vida. Las manecillas del primero marcarían el final de esta jornada de trabajo y por lo tanto, estaría de nuevo a tu lado, perdiéndome entre tus brazos.
El segundo, lo adelantaría tanto como pudiera hasta cerrar para siempre algunos capítulos de mi pasado que me desconcentran y ocuparme sólo de vivir mi presente contigo.
Gracias a ti he comenzado a reconciliarme con la vida y conmigo misma, y sé que me haces falta para seguir dando pasitos en esta nueva etapa personal.
Lo sé porque cuando te miro veo a alguien que me ha devuelto la alegría y las ganas de vivir. Porque cuando no estoy contigo te extraño constantemente.
Lo sé porque cuando estoy contigo el mundo y los problemas me importan poco. Porque como te dije una vez, lo llenas todo de mariposas de colores y sobre todo, porque si por un instante pienso que puedes desaparecer de la misma forma que llegaste, algo por dentro se me estremece.
Aprovecho para pedirte que sigas teniendo tanta paciencia como hasta ahora. Ya sabes que me está costando un poquito asimilar determinadas cuestiones, pero te prometo que lo conseguiré.
Hace muy poco te dije que en mi calendario no existe el “pasado mañana”, pero sí tengo claro que quiero que formes parte de mi “hoy”. Quiero que estés presente en mi día a día y sentir que contigo todo es posible. Que no importa que los sueños se derrumben, porque juntos inventaremos nuevos sueños, y que aunque el camino esté lleno de obstáculos, si nos lo proponemos, saldremos adelante.
Quiero sentir cada día esta punzada de emoción que me atraviesa el alma cuando te pienso. Ponerme nerviosa cuando me miras y no dejar de contar las horas que faltan para verte.
Quiero sentir que cada día es un misterio, que cada día es una sorpresa, que cada día es una nueva oportunidad y que cada día…tú vas a estar ahí para vivirlo conmigo.

Apuntes

Sobre mi mesa reposa una hoja de papel naranja llena de garabatos y anotaciones. En ella voy apuntando cosas que durante mis períodos de “buceo cibernético” me resultan interesantes. Nombres de blogs, palabras sueltas y frases que me llaman la atención. Supongo que con ello trato de encontrar ideas para ponerme a escribir y no quedarme dormida en los laureles.
Entre mis notas encuentro varias frases que me han tocado de lleno, quizás porque me encanta jugar con las palabras, combinarlas de diferentes maneras, buscar nuevos significados y utilizar recursos lingüísticos que despierten la imaginación.
Una de ellas, cuyo autor desconozco, dice que “los buenos ratos hay que fabricarlos, porque los malos llegan solos”.
Decía también una bloguera que se dedica a “coleccionar contradicciones” que hay que “sacarle punta al mundo” y que “no hay peor rival que nuestras propias debilidades”.
Me llama también la atención alguien que “continuamente busca salidas aunque le encanten los laberintos” o aquella soñadora “con cicatrices de ilusiones rotas esparcidas en la palma de su mano”.
He decidido que a partir de hoy voy a aplicarme un poco más en eso de fabricar buenos momentos, seguro que la vida será mucho más agradable.
Me haré coleccionista de instantes inolvidables junto a las personas que quiero.
Quiero coleccionar besos, abrazos, miradas, caricias, sonrisas y palabras de amor.
Intentaré sacarle punta a mi mundo, tratando de que mis barreras emocionales no limiten mi presente ni mi futuro.
Recorreré tantos laberintos como me encuentre en la vida en busca de salidas y soluciones.
Esparciré en el infinito mis ilusiones rotas, y con las palmas de mis manos intentaré alcanzar nuevos sueños, sin que ninguna cicatriz suponga un impedimento para llegar, al menos, a rozarlos.

martes, 4 de agosto de 2009

A mi conciencia

No es necesario que sigas insistiendo. No voy a posponer más esta conversación contigo. Ha llegado el momento de que nos sentemos a hablar de nuestras cosas. Ponte cómoda y aclaremos de una vez esta situación.
Intentemos ser completamente sinceras la una con la otra, no tiene ningún sentido que pretendamos engañarnos, nos conocemos demasiado bien. Sé que perdería el tiempo tratando de convencerte de algo que sabes incluso mejor que yo.
Empezaré por decirte que no sé por qué te empeñas en restar felicidad a este momento de mi vida, atormentándome con cosas del pasado. Ya está bien, déjame cerrar esa puerta para siempre y olvida los reproches. No vas a conseguir que vuelva a ser la misma de antes, por mucho que lo intentes.
Ya sé que para ti también es difícil adaptarte a esta nueva situación y que por eso quieres hacerme sentir culpable de mi “despertar a la vida”. Estabas demasiado acostumbrada a mi letargo emocional, a mi forma de adaptarme a todo y a todos sin que nada ni nadie se adaptara a mi, a pensar que cada uno tiene lo que se merece, lo que ha elegido.
También te acostumbraste demasiado a mi “conformismo” y a ciertos “prejuicios sociales” como el qué dirán, fruto de una educación tradicional en un entorno demasiado reducido.
Lo siento, pero tú tampoco me vas a convencer. Estoy decidida a no prestarte atención en este asunto, llevas demasiado tiempo saliéndote con la tuya y ahora yo tengo otras expectativas para mi vida.
No te tengo que dar más explicaciones, no necesito tu permiso para hacer lo que quiera, merezco una nueva oportunidad de ser feliz, aunque “me acoses” con chantajes emocionales y falsos argumentos. En el fondo las dos sabemos que lo que pasó ocurriría tarde o temprano.
He estado demasiado tiempo encadenada a la nada así que ahora que he descubierto que las cadenas que más atan son aquellas que te dan la libertad de hacer lo que quieres, procura entenderme. Sé que haces muy bien tu trabajo acampando en mi cabeza, pero creo que no merezco tus esfuerzos por hacerme sentir mal. No voy a seguir sintiéndome culpable por vivir y disfrutar de este momento.
Sí, lo quise. Lo quise hasta el punto de haber hecho cualquier cosa por él. Renuncié a muchos pedazos de mí misma para adaptarlos a su forma de ser y de ver la vida. Me quedé con huecos vacíos y sin piezas de sustitución. Aún así sabes que quise tirar para delante. Que siempre pensé más en sus necesidades que en las mías, en no hacer daño a nadie, aunque el daño me lo hiciera yo por no saber ponerme en mi lugar.
¿Ahora qué pretendes? ¿Que siga pensando antes en los demás que en mí misma?.¿Preferirías que siguiera siendo la chica de mirada perdida a la que le robaron la sonrisa?.¿Te sentirías mejor si continuara con las alas rotas sin poder avanzar?
Sé que en el fondo me aprecias y quieres lo mejor para mi. Lo que sucede es que te cuesta un poco creer que tenga ante mi una nueva oportunidad de ser feliz y temes que me equivoque de elección. Quédate tranquila, alégrate por mi y celebra conmigo que las cosas han cambiado. Ahora no sólo miro al frente, sino más allá del infinito. La sonrisa se ha vuelto a dibujar en mi rostro y mis alas están preparadas para volar. Déjame descubrir nuevos destinos.