miércoles, 29 de julio de 2009

Sólo una voz...

Navegando por Internet he leído la palabra “chiringuito” y me han venido un montón de recuerdos a la cabeza. Con cierta nostalgia echo la vista atrás. El próximo mes de octubre hará dos años que, con unas ganas tremendas de emprender nuevos proyectos, colgué el cartel de CERRADO en mi particular "Chiringuito Musical" .
Un programa de radio con el me gané la vida durante casi cinco años. Cada día sobre las nueve de la mañana abría sus puertas, para que cualquier persona que lo deseara, se colara en su interior y me acompañara durante cuatro horas en directo.
Mi chiringuito no necesitaba de un mantenimiento especial, su puesta a punto pasaba por encender el aparato de radio y que la magia de las ondas se ocupara de reunirnos a través de un dial.
Cuando subía la pista amarilla de una mesa de sonido llena de botones (de los que yo desconocía la utilidad de la mitad), mi micrófono ya estaba listo para transportar mi voz a cualquier rinconcito en el que me dejaran colarme.
Siempre fue especial el comienzo del programa. En ese momento de bienvenida no tenías ni idea de las sorpresas que te depararía la jornada radiofónica, ni quién o quiénes estarían esa mañana tras el transmisor. De ahí la importancia que tiene para mi el directo, la improvisación. Cada programa era una nueva aventura, un nuevo reto.
Habíamos creado una pequeña gran familia que iba aumentando cada día, fieles a ese chiringuito en el que compartíamos todo tipo de anécdotas, mensajes y comentarios. Momentos inolvidables que tocaban la fibra sensible de cualquiera.
Vivimos con intensidad grandes historias de amor, nos fuimos muchas veces de boda y de bautizo, celebramos infinidad de cumpleaños, y también lloramos con alguna ruptura sentimental.
Grandes acontecimientos que nos hacían cómplices de la vida de “los otros”. Siempre con una banda sonora diferente, especial e inolvidable para muchos. Esas canciones que habían marcado momentos especiales y otras que se abrían paso por estar de actualidad.
No importaba el aspecto de nadie, día a día aprendíamos a conocernos a través del corazón y por raro que parezca, también aprendimos a querernos más allá de lo que para mi era un trabajo y para los oyentes, una diversión.
Traté en todo momento de que se sintieran como en casa, lo más cómodamente posible. Nunca faltó un soplo de aire fresco para atajar las altas temperaturas del verano ni un “algo calentito” cuando el frío paralizaba las articulaciones. Me ocupé a diario de que el almacén del chiringuito siempre estuviera lleno de palabras de ánimo, pensamientos positivos, reflexiones, juegos, risas y un poco de humor.
Me consta que con esos ingredientes bien combinados, conseguíamos amenizar largas y pesadas jornadas de trabajo para muchos, trayectos interminables para otros y que las labores domésticas fueran un poco más llevaderas para "mis marujas" (con todo mi respeto y cariño)
Gané grandes amistades que aún hoy conservo, a pesar de que mi voz no ha vuelto a pulular por las ondas de la radio. No he vuelto a subir aquella pista cuyo color amarillo diferenciaba mi micrófono de los demás. No he vuelto a abrir las puertas de mi chiringuito, no he vuelto a comunicarme a través de la radio. Sin duda uno de los medios de comunicación más mágicos e interesantes que existen.
Cuántas pasiones han levantado grandes profesionales de la radio sólo por su voz. Esa voz que se te mete dentro, que te seduce, que te invita a imaginar...de la que te llegas a enamorar platónicamente.
Con esta entrada en mi blog quiero dar las gracias a tantas y tantas personas que pasaron por mi vida en esa etapa profesional. Personas anónimas, amigos, familiares, compañeros. Todas y cada una de ellas hicieron posible una andadura radiofónica que me aportó innumerables momentos que jamás olvidaré. Me permitieron expresarme libremente a través de la música, me hicieron un hueco en sus hogares y lugares de trabajo, me llevaron en sus coches, me regalaron palabras de agradecimiento, me hicieron partícipe de sus confidencias. En definitiva, me incluyeron en sus vidas a pesar de que para la mayoría era una completa desconocida.
Confieso que yo fui la que más recibió durante ese tiempo, porque gracias al cariño que me brindaron y que yo sentía cada día, pude superar muchos baches y obstáculos personales y profesionales.
No se puede pagar con dinero la sensación de que te quieran, a pesar de saber que sólo eras “la voz del chiringuito”


(Sintonía del programa: "Yo quiero bailar")


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