lunes, 29 de enero de 2018

Me quedo contigo

Me quedo contigo porque no se me ocurre ningún otro lugar donde pudiera estar mejor.
Me quedo contigo porque justamente no me lo has pedido.
Me quedo no por ti sino por mi, porque me apetece despertar cada día a tu lado.
Me quedo contigo porque cuando miro tu cara es como si viera un pedazo de cielo.
Me quedo porque me aceptas como soy, sin adornos ni caretas.
Me quedo contigo porque me dejas elegir, porque por encima de todo me respetas.

Me quedo porque me siento libre para marcharme, sin cadenas que me detengan.
Me quedo porque bastaría un adios para salir por la puerta, sin equipaje, sin dramas y sin reservas.
Me quedo porque nada nos ata, porque nada nos pesa.
Por todo eso me quedo. Nada de lo que nos une, cabría en una maleta.
Las miradas que hablan solas, las tardes de confidencias, los besos, las caricias, las risas y las tristezas. Absolutamente nada de lo que nos une,  podría arder en la hoguera.
Por eso decido quedarme, por eso quiero estar a tu vera.
Mañana, pasado, la próxima semana, el año que viene o en la siguiente primavera, quizás decida marcharme, quizás quiera hacer la maleta. Por eso no quiero ataduras, ni compromisos ni promesas.
Quiero querer elegir no marcharme, aún con la puerta abierta.

lunes, 22 de enero de 2018

Sólo está solo quien no se ama

Hoy la realidad me dio un pellizco de esos que se dan con mala leche, como para vengarse de algo.
La soledad se coló por la puerta y se instaló en mi casa, como si fuera la suya, con total y absoluta confianza. Se sirvió hasta un café y de forma repentina tuvimos una charla inesperada. Una conversación elocuente, una complicidad sin palabras.

Hay instantes en los que toda tu vida pasa por delante de tus narices y eres más consciente que nunca de que la realidad que vives no tiene nada que ver con aquella que imaginaste algunos años atrás. 
Es doloroso descubrir cómo tu mochila de sueños se ha ido quedando cada vez más ligera, no porque se hayan cumplido sino por los que perdiste en el camino del vivir.
Dicen que los sueños no entienden de edad y por momentos me aferro a esta máxima para que mis ilusiones no envejezcan y los proyectos que siguen ahí, no caduquen ni mueran de hastío.
Me preocupé más de los patrones de mi vida que de ponerme a tejer sueños. Ha ido pasando el tiempo y quizás me olvidé de coser. Así sigo, con rotos en el alma y parches en la piel. 
Siendo la misma de siempre, pero muy distinta a la de ayer. Ese ayer que hoy parece lejano y que en cambio va de la mano de la mujer que ahora soy.

Y después de varias horas de charla igual que vino se fue. Sin pedir permiso abrió la puerta y con mirada serena amenazó con volver.-"Si yo te dejo"-pensé. Y como si hubiera leído mi mente, añadio:-"no seas ilusa, lo quieras o no lo quieras, no necesito permiso para volverte a ver. Eres tú quien decide en calidad de qué. Puedo ser tu aliada si asumes que la soledad no es tan mala. O en cambio, ser la visita inesperada que te deje contrariada y te desarme la piel.
Entre una cosa y la otra, sólo es cuestión de asumir que en la vida sólo está solo quien de verdad no se ama".-