sábado, 14 de octubre de 2017

Gracias por tu impuntualidad...

Te perdono por no llegar puntual  a mi vida, porque tu retraso me ha dejado  tiempo para surcar otros mares, recorrer otros caminos y volar por otros cielos.
Es precisamente tu impuntualidad la que me ha permitido llenar mi equipaje de otras experiencias, 
de vivir en otros ojos  y morir en otros cuerpos. Por eso, no sólo te perdono, sino que además te doy las gracias.
Pensándolo bien, quizás no llegues con retraso sino que aparecerás en el momento preciso, cuando las cicatrices de mi alma estén completamente disueltas.
Es ahora cuando las arrugas me recuerdan que los años pasan volando, que el tiempo nunca espera y que a lo tonto, sin prisa pero sin pausa, he cumplido cuarenta primaveras.
Es ahora cuando el tiempo cobra sentido. Es ahora cuando empiezo a sentir que la vida pasa deprisa y que lo único coleccionable que realmente vale la pena, son los buenos recuerdos. 
Tras décadas de idas y venidas, subidas y bajadas, confío en que en algún momento llegarás para recordarme que todo es mucho más simple de lo que creía.
No sé si lo harás haciendo ruido o vendrás de puntillas, pero sí tengo el convencimiento de que sabré que eres tú.
Mientras espero estoy aprendiendo, que si te sientes viva, la vida es mucho más vida.
Tu impuntualidad me da margen para descubrir que sola estoy completa pero que contigo seré más yo.
Es verdad que me sentí segura en otros brazos, pero nunca tuve claro querer pasar en ellos el resto de mi existir. 
Te perdono porque mientras te espero, aprendo  a perdonarme a mi misma, trabajo duro y difícil para mi, que me he pasado media vida reprochándome, cuestionándome, siendo mi peor juez.
En este impás de espera, necesito empezar a perdonarme por los cientos de tropiezos, convenciéndome de que son necesarios para crecer. Ningún camino está exento de obstáculos.
Estoy en el proceso de perdonarme por no luchar por los sueños que abandoné a su suerte en las garras del miedo, ese miedo que tantas cosas me ha hecho perder. 
Me pido perdón por los días que taché del calendario y que que no fui capaz de vivir. ´
Por los besos que quise dar y no me atreví.
Por los abrazos que no supe valorar y los perdones que se quedaron en meras intenciones, sin pedir ni recibir.
Necesito perdonarme por pensar en el qué dirán mucho más que en mi. 
Me pido perdón por el desorden de emociones que muchas veces causé, por la incoherencia de mis actos y el mal ejemplo que fui.
Tu empeño en llegar tarde a mi vida quizás sea sólo una estrategia para que tú también sepas, la falta que yo te hacía a ti, y puestos a perdonarnos, espero que me perdones a mi.
Y aunque me cueste perdonarte el  haberme privado durante todos estos años  de tu risa, de tus besos y de tu todo, agradezco tu tardanza. Estoy segura de que cuando llegues, sentiré que eres tú, sentirás que soy yo, y entonces comprenderemos por qué no funcionó con nadie más.



jueves, 5 de octubre de 2017

¿Me dejas pasar?

Vuelvo como la mano que se escondió después de tirar la piedra.
Como la amante furtiva que escapa en penumbra, sin apenas abrir la puerta.
Como la vieja que se esconde detrás del visillo sin perder detalle de lo que observa.

Regreso tras demasiado tiempo en la sombra, fabricando mi propia celda.

Como la corriente de agua que fluye sin pausa y se pierde detrás de la cerca.
Como el niño extraviado que tras ser encontrado, olvida la angustia que hay tras la pérdida.

Llego como la hija pródiga que a pesar del tiempo pasado, reconoce el que fuera su hogar.
Como el cobarde que encuentra la fuerza para no volver a flaquear.
Como la flor que tras el largo invierno marchita,  despierta a la primera.

Arribo a este rincón de sueños y desvaríos, de amargos y dulces recuerdos.
Como la mujer que soy ahora sin perder de vista a la niña aquella.
Con la madurez  que dan los años y la crisis de los cuarenta.
Con las arrugas de la vida y un equipaje de experiencias.

Aquí estoy con el corazón abierto y algunas costuras nuevas.
Con palabras y silencios, con olvidos y promesas.
Con verdades escondidas y mentiras descubiertas.
Con proyectos e ilusiones, con miedos y con tristezas.

Con retales de mi vida...para seguir tejiendo con letras.
Con una maleta llena de sueños y otro equipaje que aún vacío me pesa.
¿Quieres dejarme pasar?
¿Puedes abrirme la puerta?