viernes, 12 de febrero de 2010

Llegó el Carnaval a Tenerife.

Las calles de la ciudad se han vestido de colores brillantes. Una marea humana se divierte al compás de la música de las orquestas, las carrozas, los kioscos, o los tambores de los hippies, dejando a un lado la rutina y los problemas cotidianos, para disfrutar de la fiesta más importante, pintoresca y popular del año en Tenerife, considerada de interés turístico internacional.
El Carnaval cumple con su esperadísima cita anual y las lentejuelas, las plumas, las pelucas y los accesorios más extravagantes, compiten en originalidad, para dar vida a cualquier personaje. La imaginación sube a la palestra y los baúles olvidados se abren de par en par para rescatar sueños. Durante los próximos días, los disfraces improvisados o aquellos que han requerido de una elaboración más cuidada, servirán para sacar el verdadero yo que todos llevamos dentro, y convertirnos durante unas horas en quien nos apetezca.
Policías que no han tenido que opositar, bomberos que jamás se han enfrentado a un fuego, novias a la fuga, payasos con nariz de goma, brujas sin poderes mágicos, duendes, y hadas, extraterrestres de este planeta, hombres que sueñan con ser mujeres, piratas sin pata de palo, héroes de cómics...todo vale en el Carnaval chicharrero, donde la fiesta hasta que llegue el alba o hasta que el cuerpo aguante, está asegurada.
Disfrazamos el cuerpo y desnudamos el alma...nada es lo que parece, y sin embargo todo es real.
Derroche de alegría, de humor y de ingenio. Ganas de pasarlo bien, de aprovechar cada minuto, sabiendo que es la oportunidad ideal para transformarnos en lo que realmente queremos, sin tener que dar explicaciones...No me refiero a una transformación sólo física, que es la menos importante, me refiero a una transformación mental. De repente todo el mundo tiene una sonrisa en la cara, una palabra amable y una capacidad oratoria desconocida, aunque probablemente al día siguiente no recuerde la mayoría de los detalles.
La predisposición a ser felices porque llegó el carnaval y es la fiesta de todos, es contagiosa. Una fiesta que no entiende de crisis ni de complejos, en la que todo y todos tienen cabida, en la que "somos más humanos" detrás del antifaz, porque al contrario de lo que mucha gente pueda pensar, el mayor riesgo que se corre en el carnaval chicharrero, es el riesgo de sentirse vivo.
Es la terapia ideal para sacudirse el estrés, esa enfermedad tan socializada, que de una forma u otra todos padecemos en algún momento de nuestra vida, consecuencia directa de los problemas, las prisas, el trabajo o la falta de él.
Las noches del carnaval de mi tierra, no admiten el reloj ni la tarjeta del Inem, son simplemente el pasaporte directo para disfrutar de la vida en otro contexto, para deshacernos de lo que nos pesa en el día a día y sentirnos más ligeros. Aunque sepamos que mañana los problemas volverán a estar ahí, pero al menos durante unas horas se han perdido entre la multitud y el ruido. Al igual incluso, también se han puesto su mejor disfraz.
Invéntate un personaje, recicla tus sueños y dale vida a tu vida. Don Carnal está en la calle, atrévete a buscarlo...sal a su encuentro.



3 comentarios:

  1. Me encanta esta canción!! Me pone de buen humor y me recuerda a las fiestas de Carnaval en el colegio con las cadenetas de cartulina y purpurina... Por cierto, GRACIAS POR EL PREMIO (Estos días sigo el protocolo pertinente)
    Un beso

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  2. Pues aquí también es carnaval... aunque claro nada que comparar con el de allá abajo. Eso sí... hoy lo de la parte de "carnal", "carne", "chicha"... nada de ná... que en este punto de la Península situado todo hacia arriba, cuando llegas a la mitad te vas un poco a la derecha... pero poco y luego subes un poco más sin pasarse a Francia... hace un frío del carajo y claro así "carnaval" de carne... poco. jejejeje

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  3. Envidio esa capacidad de apartar los problemas durante un rato, de dejarte llevar sin mantener un ojo en la nuca mirando a la cruda realidad.
    Disfruta, pásalo bien y sé un paciente de esa terapia de alegría contagiosa, mañana será otro día.

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