lunes, 15 de febrero de 2010

Retales de mi fantasía...

Esa noche ella esperaba algo más. Es cierto que había sido un día como otro cualquiera, pero en determinadas fechas señaladas, solía revivir momentos cargados de buenos, pero especialmente malos recuerdos, y en esos momentos, necesitaba escapar de su pasado, sumergiéndose en la realidad de su presente. Una realidad en la que él ocupaba un lugar destacado.
Sólo quería sentirlo cerca al menos unos instantes, antes de caer rendida en los brazos de Morfeo, y así dormirse con su aroma, con el calor de su piel, con un abrazo que le hiciera creer que nunca volvería a estar sola, aunque en el fondo pensara que el amor para toda la vida, no dejaba de ser una utopía, un invento de almas soñadoras.
Le gustaba subirse a la luna en su compañía, pero dado el frecuente estado insomne y el afán trasnochador de él, se conformaba con recibir alguna estrella con la que dormir abrazada, hasta que él se colara sigilosamente entre las sábanas ya calientes.
Esperó pacientemente su entrada en la habitación, pero sus pasos no se escuchaban por ninguna parte y supo que esa noche, sus besos y sus caricias no serían para ella. Y entonces recordó que la distancia física no es la que duele, sino la distancia emocional aún en la cercanía. Y sin saber cómo, su particular caja de pandora se abrió, esparciendo un montón de sensaciones por su cuarto, pero sobre todo por su cabeza y su corazón.
Así había sido el principio del final, y temía que volviera a suceder, aunque ahora no la cogería de sorpresa. Es lo bueno que tiene la experiencia, que aunque no te garantice dejar de cometer los mismos errores, al menos no te pillan de nuevas. Se sintió mal consigo misma, pero especialmente se sintió triste, no por el hecho de necesitarlo y que él no estuviera, sino por saber que él no tenía la misma necesidad de ella. Y siguió recordando que así empezó, tiempo atrás, el principio del final.
Los momentos de secretos y confesiones a la luz de una vela, después de que la pasión los dejara exhaustos, se fueron aplazando para otro momento. Las guerras de almohadas y los combates de cosquillas dejaron de sucederse con la misma frecuencia, simplemente, se dejaban para otro momento. Las miradas cómplices, los besos furtivos y los abrazos robados, se dejaban para otro momento.
Quizás estaba sacando las cosas de contexto, pero era inevitable que un escalofrío de pánico recorriera su cuerpo al pensar que podía volver a enfrentarse a un viaje sin retorno, a una ida sin vuelta. En su interior estaba convencida de que pasara lo que pasara, no sería igual que la primera vez, porque pocas cosas en la vida son tan placenteras o tan doloras, como la primera vez que ocurren. Ahora no sólo había adquirido experiencia, sino que su corazón no era tan blandito como tiempo atrás. Sabía disfrazarlo, acorazarlo si hacía falta, y aunque eso no lo eximiera de sentir dolor, éste al menos no era de una intensidad que la dejara sin aliento, entre otras cosas, porque ahora era consciente de que el amor se acaba, se agota y a veces no hay un por qué, sucede sin más. El primer síntoma es precisamente postergar los besos y las caricias, que esa noche no recibió, para otro momento. Y sin más, se durmió pensando en si se estaría enfrentando al comienzo de un nuevo final.

3 comentarios:

  1. Siempre he creído que lo que no mata te hace más fuerte. Y que echar de menos es bueno... pero no VIVIR echando de menos, porque al final te acostumbras a la ausencia, al dolor, a una falsa esperanza.
    Me recuerda tanto a la historia de una "amiga"... Pero aunque al final entendió que el amor se acaba, se agota y a veces no hay un por qué, al principio no lo comprendió, pasó tiempo escuchando en su cabeza unas palabras: "no te quiero y tal vez nunca te quise".
    Y aunque mi amiga cambió y se hizo más fuerte porque eso no la consiguió matar, aún a veces sigue escuchándolas mientras se ve en la misma playa de arena negra con la más increíble puesta de sol que vio nunca, junto a él y con esa horrible banda sonora saliendo de su boca.

    Menudo rollazo que te he contado... enfinss, tanto subir y bajar en el ascensor tiene esto...

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  2. No sé por qué pero me da en la nariz que "ella" te es muy conocida. Yo estoy con Anita, aunque las palabras son muy sencillas de dejar escapar, contraposición con el dolor de los sentimientos. Un clavo no saca otro clavo, e igual nada se quiere sacar, pero el disfrute genera alegría, la alegría dibuja sonrisas, y las sonrisas.. ¿qué te voy a contar?, "ella" no sonríe, demuéstrala que tú sí sabes sonreír.

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  3. Gracias Anita_Loss...yo también tengo una amiga como la tuya, pero las palabras que recuerda son distintas, aunque al fin y al cabo, supongo que el significado es el mismo. Si para soltarme "un rollo" así, tienes que pasarte unas cuantas horas en un ascensor...Vivan los ascensores!, y como donde yo vivo ya te dije que hay más bien pocos, me los inventaré para ti.jajaja. Una última cosa...seguro que antes o después, encontrará una banda sonora con mucha más melodía.
    Joseluinik, una vez más...un placer contar con un "retal" tuyo.Al igual "ella" y yo...somos íntimas amigas, estoy empezando a creer que en algún lugar, real o imaginario, nos hemos conocido. Es cierto que un clavo no saca otro clavo, pero también dicen que la mancha de mora, con otra se quita. (es así, verdad????). A veces no es malo aferrarse a cualquier cosa, para no caer en el abismo, el caso es recuperar las fuerzas para seguir adelante por nuestro propio pie. Las sonrisas dibujan vida, sueños, deseos, fuerza...me quedo con la frase que dice que "nadie necesita tanto una sonrisa como quien olvidó sonreír".
    Un beso enorme y una sonrisa, para los dos.

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