lunes, 18 de enero de 2010

Confesiones...

Ha comenzado una nueva semana y el mes de enero se me escurre entre los dedos sin darme cuenta. Mañana es día 19, por cierto, es el cumpleaños de una amiga entrañable con la que compartí muy buenos momentos en el Instituto, en esa época en la que aún no conoces otras preocupaciones más que las de aprobar el exámen de turno, acercarte al chico que te gusta o qué te pondrás el fin de semana para salir con tus amigas. Aunque lo más probable es que nunca llegue a leer este blog, desde aquí "muchas felicidades Montse".
Cambiando de tercio, hoy quiero confesar (como diría La Pantoja) que siento que por fin ha empezado una nueva etapa de mi vida, que he soltado la mayor parte del lastre que me tenía paralizados los sentidos, y que incluso siento que me estoy convirtiendo en la mujer que siempre he querido ser.
Cuánta razón tenía mi hermano cuando me dijo:-"ay mi niña, el tiempo todo lo cura, te lo digo yo"-. Es cierto que las heridas se han ido curando, pero también es verdad que las cicatrices no me dejan olvidar el dolor que sufrí, y es precisamente eso lo que de vez en cuando empaña mi felicidad actual.
Ojalá pudiera arrancar la página y no estar condicionada más que a vivir lo que me está sucediendo ahora, pero es inevitable que las experiencias pasadas marquen el rumbo actual de nuestra vida. Supongo que poco a poco, el pasado se irá desdibujando y se difuminará lo suficiente como para no seguir inmiscuyéndose en mi vida. Especialmente porque lo único que me aporta es "miedo" a dejarme llevar y no sentir plenamente esas mariposas que revolotean en lo más profundo de nuestro ser, cuando el corazón nos recuerda que sigue latiendo a pesar de todo.
Sé que puedo sonar contradictoria (ya comenté en una de mis entradas anteriores que me sentía muy identificada con eso de "coleccionar contradicciones"), porque la felicidad que siento en estos momentos es precisamente lo que atormenta constantemente. Es decir, el temor a volver a pasarlo mal, a construir una vida que se vuelva a desmoronar como un castillo de naipes que ha llegado a su tamaño máximo. Siento que si eso sucediera, habré vuelto a perder un tiempo que no vuelve, y me aterroriza invertir estos años de mi vida en un "talón sin fondos".
Que conste en acta que es una simple expresión. Soy lo suficientemente madura y realista, como para saber que la vida está llena de sorpresas y que es tan incierta, que nunca se apuesta sobre seguro, y a pesar de ello me cuesta no pensar más allá del momento actual. Sé que tengo que centrarme en el ahora, en lo que me rodea y despreocuparme de lo que pasará o dejará de pasar.
Estoy en ello, me lo estoy tomando como una asignatura personal, y poco a poco voy notando mejoras al respecto. Total, lo que tenga que suceder sucederá, eso nadie puede cambiarlo...¿o si?. Yo soy de las que cree que el destino está escrito y que todo, absolutamente todo lo que nos sucede en la vida, está predestinado. Y si no...¿por qué tomamos una decisión y no otra?. Sé que éste es un debate abierto y que quizás tú que estás leyendo esto, no estés en absoluto de acuerdo conmigo y seas los que piensan que cada uno construye su propio destino. Podríamos intercambiar muchas opiniones al respecto y seguro que todas estarían debidamente justificadas.
No se trata de delegar nuestra vida sin más al destino, de esperar a ver qué pasa con ella y de mantenernos impasibles, pero sí de pensar que las cosas suceden porque así tenían que suceder. Uff, me estoy haciendo un lio yo misma, te lo advertí, puedo llegar a ser bastante contradictoria con mis propios pensamientos.
Acaba de sonar el teléfono y noto que mi estado de ánimo ha cambiado completamente para mejor, infinitamente mejor. Eso debe significar algo, verdad???. Quizás te estés preguntado quién era...me lo voy a reservar, porque de momento basta con que sepas que hay alguien a quien le debo la mayor parte de la transformación personal de la que te hablaba al principio.
Pero sí que te puedo decir, que ese alguien se ha convertido en un todo y un nada. Todo lo que me llena de alegría, y nada de lo que antes me hacía sentir "más pequeña", y no de tamaño precisamente.
Acabo de abrir mi facebook y me he unido al grupo "mientras no encuentre a mi media naranja, iré comiendo mandarinas", jajaja...¿Y si tuviera que pasarme el resto de mi vida comiendo mandarinas? Tampoco sería grave el asunto, digo yo. El problema es que también las mandarinas se conviertan en limones. Uy, estoy divagando otra vez. Hay que ver con qué facilidad me pierdo por los cerros de úbeda, así soy yo.
En fin...creo que mejor dejarlo por hoy, entre otras cosas porque el pollo que tengo en el horno comienza a desprender un olor que abre el apetito, y si tenemos en cuenta que llevo casi 8 horas sin probar bocado...por cierto, hoy no cenaré sola.

1 comentario:

  1. me gusto lo de coleccionar contradicciones,en eso somos parecidos,deja q las cosas sigan su curso ,a lo mejor es q te preocupas demasiado x el futuro y no debes dejar de disfrutar el presente.No olvides q puede q el destino sea quien baraja las cartas,pero somos nosotros los q jugamos

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