viernes, 31 de julio de 2009

He recuperado mis sueños.

Ahora que te he conocido, empiezo a recordar,
Y recordando recuerdo, que había olvidado soñar.

Mis sueños se habían quedado solos demasiado tiempo, escondidos en cualquier rincón. Quizás los guardé en aquel cajón que sirve para meterlo todo y en el que nunca encuentro nada de utilidad.¡Prometo hacer limpieza un día de estos!
El caso es que no recordaba qué había hecho con mis sueños, sólo que dejé de soñarlos y me olvidé de ellos, como quien olvida dónde puso la bombilla de recambio y se pasa una larga temporada a media luz.
Sólo me preocupaban las cosas que me hacían falta en el día a día, y los sueños dejaron de formar parte de lo cotidiano. Me creí más importante que ellos, fíjate que ingenua. ¡Con lo importante que es soñar!
He vuelto a rebuscar en cada rincón de mi vida y como juguetes viejos que un día inesperado aparecen en el desván de los recuerdos, cubiertos de polvo, los he vuelto a encontrar. Ahí estaban mis sueños, deseando que les diera el aire.
Reconozco que en la búsqueda no he estado sola, habría sido un poco más complicado encontrarlos y probablemente me habría llevado más tiempo. Eso sin contar que soy un poco “miedica” y me asustaba revolver entre recuerdos que hieren, o encontrar algún bichito acampado a sus anchas, comiéndose mis sueños. Pero no, ahí estaban, ajados por el tiempo eso sí, pero intactos. Listos para volverlos a usar, a falta de una pequeña puesta a punto, pero nada demasiado importante.
¡¡Qué sensación tan bonita la de volver a soñar no sólo cuando duermo!! ¡¡Qué alegría haber rescatado mis sueños!!
Gracias a todos los que me han ayudado, especialmente a ti artista, que con tus manos has guiado mis pasos hasta encontrarlos.
Ahora sueño con momentos de risas colándose por los rincones. Con planificar destinos lejanos en vacaciones. Con caminar por la orilla del mar cogidos de la mano, sin que importen las miradas de conocidos ni extraños.
Sueño con tardes de luna y noches de inmenso sol, con hablar desde el silencio y gritar con el corazón.
Sueño que no existirán secretos ni distancias que nos separen, que el amor y el respeto nunca serán rivales.
Sueño con niños corriendo en una casa con flores. Con jornadas domingueras de cañas y camarones.
Sueño con tardes de cine, con mojarnos bajo la lluvia, con llenar nuestra despensa de caricias y ternura.
Dormida sueño contigo y despierta también te sueño, ahora brillan más los días y las noches se oscurecen menos.
Sueño que no voy a dejar de soñar, sueño que tú eres mi sueño y quiero soñar cada día que también éste es tu sueño.

jueves, 30 de julio de 2009

Queria amiga "Felicidad"

Desde hace unos meses tenía ganas de escribirte para darte las gracias por ser como eres, y dejarme entrar de nuevo en tu vida.
Quiero a su vez pedirte perdón porque a veces no he confiado mucho en ti y me he quejado demasiado de que me dieras la espalda, aún sabiendo lo ajetreada que estás. Me olvidaba de que no siempre puedes prestarme tanta atención.
Si te soy sincera me molestó un poco que te marcharas sin avisar, especialmente porque pensé que te encontrabas cómoda a mi lado, aunque ahora sé que no es lo mismo estar cómoda que acomodarse.
El caso es que también te quiero dar las gracias por haber regresado tal y como te fuiste, sin hacer ruido. La diferencia es que ahora has vuelto con un poco más de madurez y experiencia y, no veas cómo se te nota. Especialmente después de saber que estuviste perdida sin rumbo, una corta pero intensa temporada.
Te agradezco que te hayas vuelto a acordar de mi, a pesar de nuestras “desavenencias” en el pasado. Espero que ésta reconciliación sea para siempre o al menos, que dure mucho tiempo.
Sí, ya sé que tendrás que marcharte de vez en cuando, pero espero que sea por muy cortos espacios de tiempo. Yo mantendré la puerta abierta para recibirte una y otra vez, deseando siempre que regreses.
También sé que como siempre, estás desbordada de trabajo y que no puedo exigir mucho sino aprender a valorar lo que me das. Cada vez son más las personas que te necesitan y me consta que intentas hacerle un hueco a todas, aunque a veces tardes un poco más de la cuenta en llegar a los lugares donde reclaman tu atención. Sé que es por el exceso de trabajo, así que no te lo tendré en cuenta.
Gracias por regalarme este nuevo vestido que, según me han dicho, me favorece. Los colores alegres siempre han sido tus favoritos y no me extraña, porque sientan mucho mejor. Espero que no tengas que volver a regañarme por vestirme tanto de oscuro, te confieso que eso fue antes de que regresaras a mi lado.
Amiga “Felicidad”, quiero terminar estas líneas pidiéndote que me des un buen tirón de orejas si alguna vez te tengo cerca y no te veo, ya sabes que a veces soy un poco despistada. No tengas ningún reparo en recordarme tantas veces como haga falta, que soy una persona con mucha suerte por contar “contigo” otra vez.
Déjame cuidarte, quiero tener cada día la oportunidad de darte las gracias por estar ahí...

Aquí estoy yo...

Hoy he pasado buena parte de la mañana ojeando distintos blogs cuyas direcciones han llegado hasta mi de casualidad. Tenía interés en hacerme una idea más precisa de para qué utiliza la mayor parte de la gente este tipo de espacios cibernéticos.
Los hay de todo tipo. Literatura, cine, arte, música, opinión, (cultura en general), y sobre todo los hay que abordan la vida y milagros de sus protagonistas.
Sin darme cuenta me enfrasqué en la vida de personas muy dispares entre sí, haciendo míos sus pensamientos, alegrándome de sus logros y resoplando por sus fracasos.
La cuestión es que he pasado horas inmersa en un montón de historias, poniéndome en el lugar de otras personas y olvidándome de mirar el reloj. Olvidándome de mi propia vida. Esto me ayuda a corroborar que quienes leemos los blogs de personas desconocidas, en el fondo deseamos escapar temporalmente del mundo que nos rodea.
A través de esta ventana nos permitimos la licencia de expresar pensamientos, emociones, sentimientos, miedos o preocupaciones, que son más fáciles de compartir con personas desconocidas que con nuestro propio entorno.
Desnudarnos interiormente, abrir nuestra particular caja de pandora y dejar que se escape lo que hay dentro, para que alguien como tú o como yo, lo atrape en forma de palabras, líneas…historias al fin y al cabo. De eso se trata.
Creo que escribir sobre nuestras experiencias es como visitar al psicólogo pero más barato. En el fondo todos estamos deseando que alguien nos escuche. Por paradójico que suene, cada vez nos comunicamos menos entre nosotros, a pesar de que estamos en la llamada era de la comunicación. Demasiada información procedente de todo tipo de medios (prensa escrita, radio, televisión, internet) y sin embargo, cada vez dedicamos menos tiempo a charlar con la gente de nuestro entorno.
Las prisas, el trabajo, el estrés, el agobio de llegar a final de mes con algo en la nevera…nos convierten en seres cada vez más independientes, más aislados. Por eso, muchos de nosotros al final buscamos cualquier ventanita a la que asomarnos para gritarle al mundo “aquí estoy yo”

miércoles, 29 de julio de 2009

Sólo una voz...

Navegando por Internet he leído la palabra “chiringuito” y me han venido un montón de recuerdos a la cabeza. Con cierta nostalgia echo la vista atrás. El próximo mes de octubre hará dos años que, con unas ganas tremendas de emprender nuevos proyectos, colgué el cartel de CERRADO en mi particular "Chiringuito Musical" .
Un programa de radio con el me gané la vida durante casi cinco años. Cada día sobre las nueve de la mañana abría sus puertas, para que cualquier persona que lo deseara, se colara en su interior y me acompañara durante cuatro horas en directo.
Mi chiringuito no necesitaba de un mantenimiento especial, su puesta a punto pasaba por encender el aparato de radio y que la magia de las ondas se ocupara de reunirnos a través de un dial.
Cuando subía la pista amarilla de una mesa de sonido llena de botones (de los que yo desconocía la utilidad de la mitad), mi micrófono ya estaba listo para transportar mi voz a cualquier rinconcito en el que me dejaran colarme.
Siempre fue especial el comienzo del programa. En ese momento de bienvenida no tenías ni idea de las sorpresas que te depararía la jornada radiofónica, ni quién o quiénes estarían esa mañana tras el transmisor. De ahí la importancia que tiene para mi el directo, la improvisación. Cada programa era una nueva aventura, un nuevo reto.
Habíamos creado una pequeña gran familia que iba aumentando cada día, fieles a ese chiringuito en el que compartíamos todo tipo de anécdotas, mensajes y comentarios. Momentos inolvidables que tocaban la fibra sensible de cualquiera.
Vivimos con intensidad grandes historias de amor, nos fuimos muchas veces de boda y de bautizo, celebramos infinidad de cumpleaños, y también lloramos con alguna ruptura sentimental.
Grandes acontecimientos que nos hacían cómplices de la vida de “los otros”. Siempre con una banda sonora diferente, especial e inolvidable para muchos. Esas canciones que habían marcado momentos especiales y otras que se abrían paso por estar de actualidad.
No importaba el aspecto de nadie, día a día aprendíamos a conocernos a través del corazón y por raro que parezca, también aprendimos a querernos más allá de lo que para mi era un trabajo y para los oyentes, una diversión.
Traté en todo momento de que se sintieran como en casa, lo más cómodamente posible. Nunca faltó un soplo de aire fresco para atajar las altas temperaturas del verano ni un “algo calentito” cuando el frío paralizaba las articulaciones. Me ocupé a diario de que el almacén del chiringuito siempre estuviera lleno de palabras de ánimo, pensamientos positivos, reflexiones, juegos, risas y un poco de humor.
Me consta que con esos ingredientes bien combinados, conseguíamos amenizar largas y pesadas jornadas de trabajo para muchos, trayectos interminables para otros y que las labores domésticas fueran un poco más llevaderas para "mis marujas" (con todo mi respeto y cariño)
Gané grandes amistades que aún hoy conservo, a pesar de que mi voz no ha vuelto a pulular por las ondas de la radio. No he vuelto a subir aquella pista cuyo color amarillo diferenciaba mi micrófono de los demás. No he vuelto a abrir las puertas de mi chiringuito, no he vuelto a comunicarme a través de la radio. Sin duda uno de los medios de comunicación más mágicos e interesantes que existen.
Cuántas pasiones han levantado grandes profesionales de la radio sólo por su voz. Esa voz que se te mete dentro, que te seduce, que te invita a imaginar...de la que te llegas a enamorar platónicamente.
Con esta entrada en mi blog quiero dar las gracias a tantas y tantas personas que pasaron por mi vida en esa etapa profesional. Personas anónimas, amigos, familiares, compañeros. Todas y cada una de ellas hicieron posible una andadura radiofónica que me aportó innumerables momentos que jamás olvidaré. Me permitieron expresarme libremente a través de la música, me hicieron un hueco en sus hogares y lugares de trabajo, me llevaron en sus coches, me regalaron palabras de agradecimiento, me hicieron partícipe de sus confidencias. En definitiva, me incluyeron en sus vidas a pesar de que para la mayoría era una completa desconocida.
Confieso que yo fui la que más recibió durante ese tiempo, porque gracias al cariño que me brindaron y que yo sentía cada día, pude superar muchos baches y obstáculos personales y profesionales.
No se puede pagar con dinero la sensación de que te quieran, a pesar de saber que sólo eras “la voz del chiringuito”


(Sintonía del programa: "Yo quiero bailar")


martes, 28 de julio de 2009

Terrorismo doméstico...amores que matan

Son las 9:17 horas de este martes 28 de julio y acabo de tomarme un café a hurtadillas porque me he vuelto a levantar con el tiempo justo para llegar al trabajo. Una escapada rápida me ha permitido adquirir mi primera dosis matinal de cafeína.
Hoy apenas suena el teléfono, se nota que estamos en pleno verano y que la mayoría de la gente está más preocupada de gestionar su período vacacional que de “luchar” contra la Administración.
La llamada de una señora interesada en contactar con la Oficina Comarcal de atención a las mujeres víctimas de maltrato, ha disparado una especie de alarma en mi cabeza. Su voz tímida, apagada y temblorosa me ha recorrido todo el cuerpo proporcionándome un extraño escalofrío.
Automáticamente mi cerebro se pone en funcionamiento e imagino las circunstancias que han llevado a esta señora anónima para mi, a decidirse a llamar. Sobre la marcha deduzco que necesita ayuda profesional, asesoramiento jurídico o atención psicológica, para salir de una realidad que la atormenta en silencio.
Probablemente será la primera vez que marque ese número de teléfono, a pesar de que la idea le habrá rondado miles de veces por la cabeza.
Probablemente se sienta avergonzada y culpable por buscar ayuda, por hablar de su situación personal y darse cuenta de que es real, aunque lleve tiempo empeñada en creer que lo que le pasa es algo puntual y pasajero.
Seguramente se pregunte si realmente es una víctima de la violencia de género o quizás lo que le está sucediendo sea culpa suya por no ser tan buena compañera, esposa o amante como debería.
Quizás los últimos insultos de su pareja aderezados con algún que otro golpe, hayan sido la gota que ha colmado el vaso. Quizás se haya dado cuenta de que de seguir así, él podría arrebatarle la vida en una de tantas “discusiones”. Quizás se haya cansado de ocultar con maquillaje las huellas de sus desavenencias y aparentar que no pasa nada. Quizás no pueda soportar por más tiempo el asco que le supone “tenerlo encima” y fingir placer, cuando él llega a casa con ganas de pasarlo bien y ella se convierte en un mero objeto sexual, para evitar otra discusión.
Al igual ha sido la mirada de espanto de sus niños al escuchar los gritos tras las puertas cerradas con llave. Las lágrimas derramadas y las que quedan por derramar. La vergüenza de cruzarse en el ascensor con el vecino que todo lo oye pero que finge no darse cuenta de nada. La rabia de tener que callar todo lo que le gustaría gritarle sin miedo a represalias, o sus ganas de vivir en paz, de construir una nueva vida en la que no quepa el miedo y el dolor. Quizás esos hayan sido los detonantes para decir ¡basta ya!. Quizás por alguno de esos motivos o por cualquier otro, haya decidido salir del particular infierno en el que la ha metido uno de tantos hijos de puta cobardes e infelices, que miden su hombría por el tamaño de lo que les cuelga entre las piernas.
Quizás me esté montando una película disparatada y sin sentido. Ojalá todas estas divagaciones no tengan nada que ver con la vida de esa señora ni de ninguna otra, pero me temo que no voy mal encaminada. Basta con leer la prensa diaria para comprobar que no exagero.
La violencia doméstica se ha extendido como si se tratara de una epidemia, tanto es así que da miedo, es alarmarte. Asusta que la persona a la que quieres o que un día quisiste, haya podido contagiarse e intente “curar su machismo” con golpes físicos o psíquicos.
Desconozco los motivos que tiene cada mujer para soportar de forma prolongada una situación de violencia doméstica, especialmente cuando, como en mi caso, el maltrato no pasa por lo físico y no hay marcas que delaten esa pesadilla. Pero sí sé cuáles fueron los míos. Sé por qué aguanté su falta de respeto, las subidas de tono, el que me hiciera sentir culpable de cada una de las discusiones y hasta que me acostumbrara a pedir perdón por ser como soy.
La falta de autoestima minó mi vida anulando mi personalidad. El amor mal entendido. El justificar lo que nunca debí considerar normal en una pareja, y el negarme a creer que alguien que me quería de verdad pudiera hacerme daño a propósito, no me permitieron darme cuenta de que el verdadero amor no entiende de ningún tipo de maltrato. Por eso, aguanté sin darme cuenta de que aguantaba.

lunes, 27 de julio de 2009

Dos trazos y un borrón

Comienza la última semana de un mes de julio que está resultando bastante caluroso.
Los termómetros comenzaron hace días su particular venganza contra el frío invierno que este año se prolongó más de lo habitual.
Vuelvo a empezar la semana con un poco de sueño, aunque no importa el cansancio porque he disfrutado de un estupendo y variado fin de semana, que sólo se ha visto empañado por un acontecimiento trágico que me hace reflexionar sobre el valor del presente, del ahora, del momento.
Una llamada telefónica de una compañera de trabajo, me pone al corriente del fallecimiento del hermano de alguien relacionado muy directamente con mi ámbito laboral y también personal. En los últimos meses la relación con esta persona dejó de ser exclusivamente profesional para compartir algunos momentos de mesa y mantel salpicados de horas de charla, confidencias y algunas risas. Lo cierto es que me ayudó mucho en un momento bastante delicado para mí a nivel emocional.
Me impactó mucho la noticia. La muerte inesperada de alguien conocido siempre es un trago amargo, pero en este caso además recordé que la figura del difunto en cuestión, había sido en alguna ocasión uno de los temas de nuestras largas charlas.
Aunque intenté no pensar demasiado en el tema, lo tuve presente todo el fin de semana, imaginando el dolor de la familia y el varapalo tan grande que les había vuelto a dar la vida.
La pérdida de un ser querido siempre nos lleva a pensar en lo injusta y corta que es la vida y a replantearnos muchos aspectos como el hecho de intentar aprovechar más y mejor nuestro tiempo.
Como dice Rosana Arvelo en una de sus últimas canciones “la vida son dos trazos y un borrón”.
Yo quiero hacerme el firme propósito de vivir preocupándome sólo de aquello importante, de lo que vale la pena. Quiero aprender a disfrutar más de lo que me rodea, de las pequeñas cosas de mi vida cotidiana, de las personas que están a mi lado y hasta de los momentos en los que no hago nada. Me acaba de venir otra frase a la cabeza, “la muerte está tan segura de ganarnos, que nos deja toda la vida de ventaja”.
Al final, sólo cuentan los momentos que vives, y lo importante es el contenido de esos momentos.
Dejando a un lado este suceso, quiero contarte que durante el fin de semana tuve la oportunidad de recargar mis pilas de la felicidad y que ya vuelven a rebosar energía por todas partes.
Me gusta esta sensación de no importarme el mundo ni lo que suceda en él. Esta sensación de que nada ni nadie te va a quitar la sonrisa tonta de la boca, esa que se te pone cuando estás con alguien especial y deseas que el tiempo se detenga para siempre.
Adoro este estado de idiotez en el que las cosas malas dejan de ser tan malas y los momentos buenos se convierten en momentos extraordinarios. Me encanta abrir la boca para decir tonterías, sin analizar las palabras, sin pensar las frases. Sonreír por cualquier chorrada sin parecer que he perdido el norte. Que me roce la mano en cualquier esquina y me robe un beso tímidamente, y que cuando estamos solos me haga sentir que no hay mayor volcán en la tierra que su cuerpo ardiendo de deseo por mi.


jueves, 23 de julio de 2009

Un poco de mi.

Como cada mañana agoto los últimos minutos antes de levantarme de la cama con el tiempo pisándome los talones. En menos de una hora debo estar en mi puesto de trabajo con el aspecto lo suficientemente apropiado como para no suscitar preguntas indiscretas sobre mi mala cara entre mis compañeras, que por cierto, habrán comenzado su jornada laboral entre diez y quince minutos antes que yo.
Llevo meses sin dormir más de cinco horas seguidas antes de que suene la alarma del móvil indicándome que debo ponerme en pie, no porque padezca de insomnio sino porque mi portátil, la noche y yo, nos llevamos demasiado bien (por mi propia salud debería romper vínculos).
Procuro tomar una dosis de cafeína antes de comenzar a trabajar. Necesito mantener los ojos abiertos durante las próximas horas. Soy una zombi cuando por causa de fuerza mayor me es imposible saborear mi café humeante de primera hora de la mañana.
Llego a la oficina y lo primero que hago tras encender el ordenador es poner algo de música, ahora me lo puedo permitir ya que mis funciones laborales son de lo más “light” (algo que por cierto me está agobiando mucho, porque siempre he sido una persona muy activa en el apartado laboral).
Hoy a pesar de la resaca de sueño que arrastro, estoy especialmente contenta. Por una parte termina mi semana de trabajo aunque es jueves, ya que mañana tengo el día libre, y por otra, dentro de unas horas veré a alguien especial a quien extraño mucho. Con estos ingredientes espero que la mañana transcurra animada, aunque seguro que las horas se hacen un poco más lentas por las ganas de que pasen.
Son las 8:30 y ya ha comenzado a sonar el teléfono. He de confesarte que desde hace dos semanas me ocupo de recepcionar las llamadas que se reciben en la Administración para la que trabajo desde hace casi dos años. No está mal teniendo en cuenta que antes desarrollaba otras funciones que no me dejaban tiempo ni de respirar por el mismo salario que ahora, pero la verdad es que en estos momentos no me siento nada satisfecha a nivel profesional. Me lo tomaré como un pequeño paréntesis tras el agotamiento físico y psicológico de los últimos meses y espero que tal y como me han dicho sea algo provisional, una simple sustitución.
Estos últimos días, para matar el tiempo, una pantalla en blanco me indica que es el momento de ponerme a escribir, ahora sólo falta saber sobre qué. Me gustaría tener un listado de temas sobre los que poder opinar y comentar, así las horas pasarían mucho más rápido, pero estoy un poco espesa. Dejo que mis dedos se deslicen solos sobre el teclado, seguro que al final consigo escribir algo, de lo que no estoy tan segura es de si será interesante para alguien.
Te contaré algunas otras cosas sobre mi. Ya te he puesto en antecedente de cómo marcha mi vida profesional, y supongo que si has leído mis entradas anteriores, te habrás hecho una ligera idea de mi situación sentimental.
De cualquier forma, te lo puedo resumir de la siguiente manera; “soy una mujer a la que el amor y el trabajo le han dado una patada en el culo”. Eso sí, quiero puntualizar que tengo motivos suficientes para seguir considerándome una persona muy afortunada, especialmente con la que está cayendo en todo el país.
Tengo gente que simplemente me aprecia y gente que me quiere mucho y se preocupa por mi. También tengo una silla confortable que ocupar cada mañana en el trabajo. Son buenos motivos para considerarme privilegiada (¿no te parece?)
Hace cinco meses, el amor me puso la zancadilla y me caí de narices, pero afortunadamente encontré un buen cirujano que está recomponiendo con total delicadeza lo que se fracturó con el golpe. La parte del corazón fue la más dañada, pero me asegura que con un poco de paciencia y cuidados intensivos, se recuperará con éxito. Y en eso estamos, con un tratamiento diario de mimos para curar ese corazón roto, que ya no duele tanto y que ahora late a otro ritmo.
Comienzo el día con una dosis de agradecimiento por las muchas oportunidades que ofrece la vida. El resto del tiempo combinamos la ilusión con la alegría, el cariño con la comprensión, las risas con las sonrisas, las miradas con los silencios y muchas cápsulas de ternura, sinceridad y comunicación.
La verdad es que me siento mucho mejor tras los primeros meses de tratamiento, y espero seguir evolucionando favorablemente.
Siempre me he considerado una mujer fuerte y capaz de afrontar cualquier inconveniente. No me asustan los problemas si existen soluciones, aunque reconozco que en alguna ocasión he hecho una montaña de un grano de arena.
Con el tiempo voy aprendiendo que a veces hay que evitar nadar contracorriente y dejarse llevar por la marea, al fin y al cabo te cansas menos y reservas fuerzas para otro tipo de batallas.
La munición más efectiva para dejar k.o. a tu “enemigo”, es aquella que no hace ruido, ni trata de hacer más daño del que recibes. La paciencia y la honestidad, son las claves para que cada persona acabe en el lugar que le corresponde, y tengo muy claro que con una conciencia limpia se descansa mucho mejor.
Poco a poco me voy desprendiendo de complejos e inseguridades, aunque me queda mucho camino por recorrer. Estoy perdiendo el miedo a equivocarme y aprendo día a día que debo confíar más en mí y preocuparme menos del futuro.
Estoy aprendiendo que la vida es un Hoy y no un Mañana.


miércoles, 22 de julio de 2009

Trapecista de mi amor













Ha sido semana muy larga,
no he dejado de extrañarte
y de tanto que te he necesitado
me ha faltado hasta el aire.

Debes estar agotado,
de dar vueltas en mi cabeza…

Te columpias en mi alma,
como un trapecista de amor
devolviéndole la vida
a mi maltrecho corazón
que está sintiendo por ti
la grandeza del amor.

Quedan muy pocas horas
para abrir de nuevo el telón
y en esta función vida mía
sólo importamos tú y yo.

No sonarán los aplausos,
de un público expectante
porque en esta historia de amor
no tiene cabida más nadie.

Haces magia con mi vida
y no sé cuál es el secreto
donde para mi no había nada
ahora hay un mundo entero.

En ese mundo amor mío,
tú eres lo más importante
quiero llevarte a mi lado
y pasar la vida amándote.

Mañana cuando te tenga a mi lado,
subiremos juntos al trapecio
de este amor tan grande y limpio
que me está quemando por dentro.

Debes estar agotado
de dar vueltas en mi cabeza.


martes, 21 de julio de 2009

Se nos rompió el amor...de mal usarlo.

Los motivos que terminan con una relación de pareja sólo incumben a sus protagonistas. Lo que sucede de puertas para dentro, en la gran mayoría de los casos, no tiene nada que ver con lo que se proyecta al exterior, de cara a la galería.
Es habitual que ante algunas separaciones, las personas que están cerca de la pareja en cuestión, se lleven las manos a la boca con gesto de sorpresa y murmuren comentarios como “quién lo iba a decir” o “se les veía muy bien juntos”.
Estos últimos días he tenido la oportunidad de colarme a través de la radio, en la vida de muchas personas cuyas relaciones fracasaron por los motivos más variopintos, inesperados e incluso sorprendentes.
Hay un denominador que es bastante común en casi todas las rupturas sentimentales, la falta de comunicación y la rutina. Desde mi punto de vista, ésta es la base que sustenta prácticamente todas las rupturas sentimentales, aunque aparentemente los motivos finales pasen por otros cauces.
Evidentemente hay muchísimas relaciones que terminan porque se acabó el amor, quizás de tanto usarlo como dice la canción o quizás de usarlo poco. Yo diría que probablemente por hacer un mal uso del mismo.
Las terceras personas son otro motivo más que frecuente para que una relación haga aguas, pero en este punto deberíamos plantearnos el por qué permitimos que una tercera persona se cuele en nuestra relación sentimental.
Desde mi modesta opinión, una relación a tres bandas, sólo es posible cuando uno de los miembros de la pareja tiene predisposición a dejarse conquistar, buscando probablemente lo que ya su “media naranja” no le aporta, llámese cariño, comprensión o sexo simplemente.
No soy capaz de concebir la idea de que se pueda estar enamorado/a de dos personas a la misma vez. El amor de verdad es demasiado complejo y absorbe tanto que sería imposible querer con la misma intensidad a dos personas al mismo tiempo.
En el programa radiofónico al que he hecho referencia, he escuchado todo tipo de comentarios, sorprendiéndome muchos de ellos, especialmente el de una señora que aún sabiendo que su esposo llevaba tiempo calentando las sábanas de otra cama además de la que compartían juntos, se empeñaba en afirmar que el susodicho seguía enamorado de ella y que lo único que buscaba con la “otra” era pasar el rato, ya que según añadió “su marido en casa era muy bueno y la trataba muy bien”.
No pretendo abrir ningún debate sobre si la infidelidad se debe o no se debe perdonar o si ésta puede llegar a tener justificación. Eso es una cuestión muy personal en la que ni entro ni salgo. Lo que sí puedo decir, es que a nivel personal dudo sobremanera que yo fuera capaz de quedarme tan pancha sabiendo que mi pareja mantiene una relación paralela a la nuestra. No es lo mismo perdonar un desliz puntual, un error, una metedura de pata, que convivir con un infiel declarado.
Dios me libre de que mis palabras transmitan un mínimo de reproche hacia esa señora que quizás y es lo más probable, tenga motivos para tolerar o simplemente soportar esa situación en la que no me gustaría verme jamás en la vida.
Me he puesto a pensar en mi situación personal, en mis propias experiencias y creo que quizás sí…podría llegar a perdonar una infidelidad pero con el convencimiento de que mi relación tarde o temprano agonizaría en su lecho de muerte. Siempre fui de las que dijo que jamás perdonaría que le pusieran los cuernos, y aunque nunca tuve la certeza de que debía agacharme un poco más de lo habitual en los espacios pequeños, sé lo que se siente cuando crees por no decir que estás casi segura, de que la persona de la que tú sí estás enamorada te es infiel.
La duda es quizás peor que la confirmación del hecho. Esa duda trajo consigo la desconfianza, la inseguridad en mi misma y por ende, los reproches que minaron buena parte de la relación. Sé lo que se siente al imaginarlo en brazos de otra, regalándole los besos y las caricias que debían ser exclusivamente para mi, y me revolvía de dolor. Viví con ello pero sin que ello me dejara vivir plenamente. Por lo tanto, creo que la certeza de compartirlo con otra, hubiera sido demasiado dolorosa como para soportarla durante mucho tiempo. La relación hubiera muerto lentamente, y de hecho, aunque en mi caso no fue el motivo de la ruptura, sí que condicionó mucho que nuestra relación no tuviera nunca la transparencia y la seguridad que yo necesitaba.
Por todo esto, creo que quizás el amor es capaz de vencer cualquier obstáculo, incluso la intromisión de otras personas en nuestra vida sentimental, pero me pregunto: ¿sigue vivo el amor cuando está herido de muerte o acaso sólo sobrevive como puede?
No quiero extenderme mucho más en esta entrada para no cansarte con mis divagaciones, pero te aseguro que seguiré colándome en la vida de otras personas anónimas que, a través de las ondas de la radio, necesitan compartir su experiencia para soltar un poco de lastre. Estas historias ajenas, a veces se parecen mucho a nuestras propias historias personales y creo que nos pueden aportar muchas cosas o por lo menos, invitarnos a la reflexión.
Por cierto, según Fernando Sabino, "la infidelidad es como estar de socio con alguien y robar dinero de la caja”(me gusta la definición)
.

lunes, 20 de julio de 2009

Aquellos veranos...

Comienza una nueva semana y el mes de julio avanza tan frenéticamente que me da la sensación de que se escapa y no logro alcanzarlo, de que no logro seguir su ritmo. Lo mejor de todo, es que ya queda menos para mi período vacacional, lo que supondrá un buen y merecido descanso en mi últimamente tan “desordenada” vida. (sobre eso tengo mucho que contarte)
El mes de agosto siempre ha sido muy especial para mi, quizás porque nací en la segunda mitad del mismo, lo que me identifica como un signo de fuego. También porque me encanta la playa, y los sofocantes calores del mes de agosto, eran la excusa perfecta para pasar en remojo las tardes con mis amigas, entre chapuzón y chapuzón, corrillos improvisados para jugar al “boley” y si se terciaba, para “tontear” con algún chavalito de piel morena y cabello estropeado por los efectos de la sal y el sol.
También era el mes ideal para “ventilarnos” en familia alguna que otra noche con la brisa del mar. Era todo un acontecimiento irnos a la playa cuando caía el sol para que el aire marino permitiera que mi padre descansara un poco del indomable calor que no le dejaba pegar ojo, en una casa que siempre ha sido un auténtico horno en la época estival.
Tengo muchos recuerdos de los veranos que viví cuando aún tenía que coger una guagua si quería ir a la playa. Recuerdo cómo bajaba corriendo las interminables escaleras que conducían a la parada, con la comida aún en la boca para no quedarme en puertas o con un bocadillo en la mochila, que sería mi gran manjar del día cuando el sol lo hubiera puesto blandengue, derritiendo el insustituible queso amarillo que acompañaba con todo.
Ahora que estoy pensando en ello, recordar aquellos veranos en los que el tiempo sólo contaba para no llegar tarde a la estación, cuando sólo llevábamos en la mochila una toalla cualquiera, un bocata y un refresco, me ha arrancado una sonrisa. Ni móvil, mi mp3, ni cremas solares, ni libros, ni neveras portátiles, ni sombrilla, ni tarjetas… no teníamos miedo a aburrirnos en las muchas horas que pasábamos tirados en la arena.
Me he desviado un poco del tema sobre el que quería escribir hoy pero da igual, porque aquellos veranos en los que terminaba completamente tostada como una castaña, compartiendo el tiempo con mis amigas de la infancia y compañeros de instituto, revolcándonos en la arena, comiendo pipas y helados, me han traído muy buenos recuerdos.
Hay que ver cómo han cambiado las cosas, cómo va cambiando la vida a medida que cumples años…Ahora los veranos no distan mucho de otras estaciones del año, salvo por los cambios de temperatura. Nuestras obligaciones y responsabilidades no distinguen los meses, las preocupaciones del día a día no entienden de vacaciones. Y aunque ya falta poco para mi época estival, tal y como te comenté al principio, mucho me temo que estas vacaciones no tendrán nada que ver con los revolcones en la arena y el bocata blandengue de aquellos años.
No obstante, presiento que a pesar de algún que otro “mal rato” que me espera en los próximos meses, estas vacaciones me dejarán un buen sabor de boca, serán distintas a las de los últimos años, entre otras cosas porque yo también soy otra persona y lo que me rodea también ha cambiado.
Por primera vez en los últimos años no tengo una reserva de avión, ni una habitación de hotel esperándome, ni entradas para el teatro. Por primera vez en los últimos años, no tendré que comprar una guía de viaje que se sume a otras ya arrugadas en mi estantería, ni desempolvar grandes maletas para llenarlas de tanta ropa que al final ni utilizaba.
A pesar de ello, por primera vez en los últimos años, me da exactamente igual no tener ese tipo de plan. Mi felicidad ahora pasa por otras cosas más importantes, por otras cuestiones que “hay que resolver” y por otros asuntos que me interesan más...
En el fondo sé que estas vacaciones, de una u otra forma, serán inolvidables.

miércoles, 15 de julio de 2009

No hay marcha atrás

He comenzado la semana con un poco de tristeza, con sentimientos enfrentados que chocan entre sí.
En mi última entrada te conté que, tras mi cita con el pasado había dado un nuevo paso adelante en mi vida, que por fin comenzaba a avanzar hacia el final del camino, aún sabiendo que me encontraría algún que otro obstáculo nuevo.
No me equivoqué lo más mínimo, aunque no contaba en absoluto con un obstáculo tan pesado llamado “arrepentimiento”. Lo pongo entre comillas porque sigo siendo una ilusa para algunas cosas, aunque sé que debería llamarlo de otra manera. El caso es que siempre le creí a pies juntillas. ¡Tonta de mi!. Ahora pretende que un “lo siento”, un “te extraño, no he dejado de quererte”, sean suficientes para borrar las grietas de mi corazón, como si éste fuera de barro que pudiera moldearse y cambiar de forma en cualquier momento.
No entiendo cómo puede pretender, ni tan siquiera pensar por un instante, que después de causarme tanto daño haya alguna posibilidad de dar carpetazo y continuar como si nada hubiera pasado. Si sus palabras de hoy y su “arrepentimiento”, hubieran llegado antes, me lo habría creído como otras tantas veces, porque como dice mi admirado Arjona, “el problema no es que mientas, el problema es que te creo”.
Ahora es tarde para lamentarse, no vale la pena revolcarse en el pasado, ni abrir los cajones de los recuerdos, especialmente porque ya no le quiero, porque ahora sé que no mereció tanto amor.
Es cierto que tuvimos muy buenos momentos, pero un día de sol no es suficiente para secar la tierra del campo cuando el agua se ha filtrado hasta el subsuelo y la humedad brota sin cesar. Los daños que provocan las tempestades a veces son tan cuantiosos que hay que buscar nuevos asentamientos. Un árbol tarda una vida en crecer pero se puede cortar de un hachazo…eso sí, quizás tu tiempo no sea suficiente como para volver a verlo vigoroso y desafiante.
Estoy aprendiendo muchas cosas en este tiempo, creo incluso que estoy madurando como mujer y aunque suene reiterativo ahora sé “lo que no quiero”.
No quiero tener que medir mis palabras por miedo, no quiero que nadie coarte mi libertad de ser yo misma, no quiero tener que fingir ni aparentar que todo va bien. No quiero tener secretos, no quiero creer mentiras, no quiero vivir pensando que las cosas van a cambiar. No quiero portazos, ni gritos, ni insultos, ni silencios eternos y miradas esquivas. No quiero dejar de quererme, ni la falta de autoestima. No quiero un amor orgulloso que no sepa pedir perdón. Quiero que las miradas digan lo que guarda el corazón. Quiero que alguien me quiera simplemente por ser yo.
Lo mejor de todo, es que sé que existe ese alguien. Esa persona que realmente merece que me falte el aliento cuando no estamos juntos. Esa persona que no pone condiciones, ni hace reproches, que me apoya a pesar de todo, que se traga sus propios problemas y los míos para no verme mal, que siempre tiene una palabra de aliento, que me trata con respeto absoluto y me regala su amor sin ningún tipo de interés.
Esa persona existe…quizás esa persona eres tú.

martes, 14 de julio de 2009

Un nuevo paso adelante

Regreso de nuevo a este punto de encuentro del que estaba un poco desconectada, pero del que no me he olvidado en ningún momento. De hecho tengo muchas cosas que compartir contigo, y aunque vaya con un poco de retraso, quiero dejarte testimonio de algo que escribí la semana pasada, para ponerte al corriente de cómo marcha mi vida y que puedas entender mejor los últimos acontecimientos que te voy a contar en mi próxima entrada.
Ésta ha sido una semana importante para mi y aunque no haya compartido contigo mis “retales”, no he dejado de hilvanar pensamientos que poco a poco iré dejando en este blog.
Digo que ha sido una semana importante porque entre otras cosas, creo que por fin ha comenzado el camino hacia una nueva vida. He tenido una “cita” con el pasado, un “bis a bis” con los recuerdos, que espero sea el primer paso para cerrar un capítulo cuyas letras ya están demasiado difusas como para intentar releerlo.
En alguna ocasión he pensado que lo mejor sería arrancar esa página para siempre, pero hoy con la mente más serena, creo que los capítulos que engrosan el libro de nuestra vida, deben seguir ahí en forma de experiencias de las que debemos sacar lo mejor.
Mi reencuentro con esta parte de mi vida no fue casual, pude haberlo evitado, pero quería enfrentarme una vez más a mis fantasmas y a mis miedos, comprobar si realmente ahora soy más fuerte que ellos.
No fue una situación agradable porque los rescoldos que quedan de nuestra historia aún están calientes y es mejor no removerlos, pero sí que me sirvió para ratificar que el amor tan grande que sentí un día por él, no se recuperará de la grave enfermedad que lo ha dejado en coma.
El principio de un camino sin retorno y el final de un proyecto en común, ha quedado rubricado en tres folios cuya última firma ante un juez, disolverá para siempre cualquier vínculo entre nosotros. Te mentiría si te dijera que ya no me duele, pero también te mentiría si te dijera que me mata la pena. Al final, en tres folios y en un puñado de euros, se quedará todo lo que un tres de septiembre sellamos con un “sí quiero”.
Qué barato se vende el amor!. Qué poco cuesta un “te quiero”!
Ahora toca cambiar la “cerradura de mi vida” por si alguna llave escondida intentara abrir esa puerta. Que el paso del tiempo llene de polvo y telarañas los recuerdos, porque yo no quiero ocuparme de ellos.
Ahora sólo falta esperar un poco más, para poner el punto final en lugar de un punto y seguido.
Y como la vida siempre da una de cal y otra de arena, en esta semana también me he dado cuenta de lo mucho que significan ciertas personas en mi vida y de la falta que me hacen para ver las cosas desde otra perspectiva. A ver, no dudaba de eso, pero sí que he percibido ciertos detalles que me hacen reafirmar mis pensamientos, mis emociones y algún que otro sentimiento que se ha enredado en mi alma. Si te soy franca, y espero no tener que dejar de serlo, ahora me siento mejor conmigo misma, porque me aterraba la idea de confundir sentimientos y hacer daño a otras personas.
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sábado, 4 de julio de 2009

La vida...

Una vez leí que "la vida es aquello que te sucede mientras tú tienes otros planes", y esta frase se grabó en mi cabeza porque creo que es una excelente definición sobre la vida y que como la mayoría de las frases célebres, encierra mucha sabiduría.
Dicen que quien guarda siempre tiene, y precisamente a mi me cuesta mucho desprenderme de mis cosas, bien por su valor sentimental o simplemente porque no sé cuándo me pueden hacer falta (aunque lo más probable es que cuando las necesite, no sepa dónde encontrarlas).
Hoy voy a reproducir una pequeña reflexión acerca de la vidad que escribí hace algunos años, y que como muchas otras cosas que en su momento fueron importantes para mi, aún conservo. Por cierto, ahora que lo pienso, debería aprender a viajar más ligera de equipaje ( pero esa es otra historia sobre la que ya escribiré).
Ese documento ha llegado nuevamente a mis manos casi por casualidad y tras leerlo detenidamente, creo que lo que expresé en aquel momento no dista mucho de lo que pienso ahora, aunque sí es cierto que se podría mejorar con mayores florituras dialécticas y litearias, pero no se trata de eso.
Hoy quiero compartir este pensamiento contigo, no sin antes pedirte que hagas tu propia reflexión, tu propio análisis de la suerte que tienes de estar vivo, a pesar de que en algunos momentos pienses que la vida es una mierda (porque seguro que en algún instante lo has pensado.¿Me equivoco?
LA VIDA...
¿Te has preguntado alguna vez qué es la vida, qué es tu vida?
¿Cómo definir esa sucesión de cosas que ocurren a tu alrededor, cuando tú no has tramado nada y el mundo parece volverse contra ti?.Muy sencillo y complejo a la vez... eso es la vida.
Una vida que constantemente te pone la zancadilla, pero que al mismo tiempo te tiende una mano y te invita a levantarte, porque quieres pensar que al cruzar el umbral hay algo mejor esperándote.
Una vida que te acerca a personas de mirada serena pero corazón helado, y al mismo tiempo, te demuestra cuando menos lo esperas, que todavía quedan personas de corazones que abrigan buenos deseos.
Una vida que te aleja cruelmente de personas por las que darías tu propia existencia, pero una vida que te acerca a personas a las que aprendes a querer y por las que te puedes sentir querido.
Una vida que te proporciona momentos de auténtico dolor y angustia, pero al mismo tiempo una vida que te brinda momentos de sosiego y felicidad.
Una vida que te abofetea mientras te preguntas el por qué, pero una vida que te da un cálido beso en la otra mejilla, cuando aún en tu rostro quedan secuelas de dolor.
Una vida que te ofrece tantos caminos distintos y dispares que desorienta tu rumbo, pero una vida que sin esperarlo, te muestra el sendero que has de seguir.
Una vida que va dejando en tu alma sombras de desilusión, miedo, temor y desesperanza,pero una vida que te enseña a prescindir de los pedazos rotos, y te ofrece además el reto de recomponer ese puzzle del pasado, añadiéndole las piezas de tu presente y dejando los huecos oportunos para las piezas de tu futuro.
Así es la vida, así es tu vida...un puzzle donde cada pieza encaja a la perfección, aunque al principio tú no te des cuenta. El único y verdadero secreto consiste en aprender a colocar cada elemento en su sitio para conseguir el cuadro que define el paisaje de tu existencia.
Un paisaje con rosas, sin olvidar que las rosas tienen espinas.
Un paisaje con altos árboles, sin olvidar el destino de muchos árboles.
Un paisaje con hierba fresca, sin olvidar que la hierba fresca también se marchita.
Un paisaje con un sol espléndido, sin olvidar que tras el sol llega la luna.
Un paisaje con nubes azules, sin olvidar que las nubes también lloran.
Un paisaje digno de admirar, de contemplar, de disfrutar...porque aunque ese paisaje se vea amenazado por la tormenta, el arco iris que le precede, volverá a llenarlo de luz y color.
Así es la vida, así es tu vida...el paisaje que contemples dependerá únicamente de ti, de lo que mires o quieras mirar, de lo que veas o quieras ver.

miércoles, 1 de julio de 2009

Abriendo puertas...cerrando heridas.

Han pasado exactamente cuatro meses desde que salió por la puerta, con una pequeña maleta en la que supuse llevaría sus principales enseres, para pasar unos días en su isla natal. Por el tamaño de ésta y porque nunca pensé que las cosas pudieran desmoronarse con tanta facilidad, jamás imaginé que sería para no regresar. Que su ida no tendría vuelta, que no habría una segunda parte, que cerraría la puerta para no volverla a abrir.
Así son las cosas de la vida, inesperadas y sorprendentes. Nos olvidamos habitualmente de que por muchos planes de futuro que tengamos y por muchos proyectos que intentemos construir, ella se encarga de gestionar nuestro tiempo a su antojo, a su manera, aunque a veces resulte todo un despropósito de situaciones o circunstancias.
Aquel primer día de marzo era domingo y decidí que por primera vez en mi vida me mantendría al margen de una situación que yo no había creado. No volvería a echarme la culpa de un problema que no era mío. Decidí que por primera vez tendría la paciencia suficiente para esperar que fuera él quien tratara de arreglar las cosas, aunque me costara un esfuerzo casi sobrehumano mantenerme al margen del asunto.
Y así fue. Día tras día, hora tras hora me mantuve expectante de una llamada, un mensaje, una disculpa, un simple “lo siento, me equivoqué”.
Horas interminables, días que se me hacían eternos y que bloquearon mi vida por completo. Me convertí en una mera espectadora de lo que me estaba sucediendo, esperando despertar de un mal sueño. Me negaba a creer que era real, que la persona con la que había compartido los últimos cinco años de mi vida, pudiera olvidarse de mi con semejante rapidez, que tuviera la capacidad de llevarse mi vida en aquella pequeña maleta sin ningún tipo de compasión.
Era inconcebible que todas sus palabras de amor y sus promesas, significaran tan poco para él. No podía asimilar que quien era mi razón de vivir hasta entonces, por quien yo había dado tantos pasos en la lucha por mantener vivo nuestro amor, a quien le había regalado mis mejores momentos, tuviera la sangre y el corazón tan gélidos como para olvidarse de mi, sin ningún tipo de justificación, sin una explicación aparente, sin una última charla.
Mi mundo se vino abajo como un castillo de naipes que ya es demasiado grande como para soportar una carta más. Como un puñado de arena fina que el viento dispersa y que jamás volverás a recuperar. Lo peor de todo es la sensación de no saber por qué, de no obtener respuestas a todas esas preguntas que te planteas constantemente.
No tuve mucha gente a la que sujetarme para evitar hundirme cada día un poco más, mi lista de posibles personas con las que salir a flote era demasiado reducida, más de lo que me hubiera gustado, pero los pocos nombres que figuraban en ella, son amigos de verdad.
A ellos les debo el coraje y la fuerza de levantarme cada mañana. Por ellos siempre tuve claro que el mundo no se detenía a pesar de mi “desgracia”. Ellos fueron como un resorte, si me hundía me impulsaban. Me regalaron su tiempo sin condiciones, escuchando cada lamento sin mirar el reloj, dejando incluso de lado sus obligaciones para que yo no me sintiera tan sola. Viviendo mi vida, como si fuera la suya.
A esas personas quiero dar las gracias desde aquí, este humilde foro en el que trato de expresarme sin maquillaje.
Gracias Jonay por estar ahí en cada momento, por brindarme tu casa como si fuera la mía. Por defenderme como un “cancerbero”, por los nervios que pasaste (tú sabes bien a qué me refiero), por buscarme asesoramiento y por tantas frases que me regalaste, especialmente ésta: ”mi niña, te digo yo que el tiempo todo lo cura”. Por el convencimiento tan grande que transmitiste con ella y la rotundez con la que se grabó en mi mente.
Melissa, gracias por tantos trayectos de tu casa a la mía. Por todas las coca colas que tuviste que meterte entre “pecho y espalda” mientras yo me atiborraba a cafeína. Por todos tus consejos basados en tu propia experiencia, por repetirme que hay mucha gente que me quiere (tú una de ellas). Por aguantar con los ojos abiertos cuando a las tantas de la noche yo necesitaba hablar con alguien y por acompañarme cuando di los primeros pasos en busca de una vida nueva.
Elisa, gracias por tantas y tantas llamadas para preocuparte por mi. Por presentarte de nuevo en mi vida como si el tiempo no hubiera pasado, recordándome que la vida está llena de oportunidades y que tú eres el ejemplo.
Noelia, gracias por estar ahí desde la distancia que nos separa. Tan lejos físicamente pero tan cerca de corazón. Por las largas conversaciones en las que reímos y lloramos juntas. Porque a pesar de estar metida de lleno en tus estudios, con la cuenta atrás pisándote los talones, siempre tuviste tiempo para escucharme.
Gracias Nena, Yanet, Felipe, Quique, Fran, Simón, Javi, Esther, Marián, Cristina, Valentín, Encio, que de una forma u otra, directa o indirectamente, también aguantaron mis lágrimas, mi angustia y mi pesar, con toda la paciencia del mundo.
Mamá, papá y abuela…menudo disgusto les he dado!!!. Gracias por apoyarme y tratar de disimular el dolor que todo esto ha supuesto para ustedes.
Gracias Jose por llegar en el momento preciso y tragarte mi marrón, ofreciéndome por encima de todo, tu amistad.
A todos ustedes, reitero mi agradecimiento por brindarme lo que yo más necesitaba en un momento en el que me sentía vulnerable e insignificante…compañía, comprensión, ánimo, cariño y amistad. Gracias por tratar de sacarme una sonrisa cuando el llanto no me dejaba ver más allá.
Han pasado cuatro meses, y sí, tenías razón Jonay, “el tiempo todo lo cura”, aunque hay heridas que siguen sin cicatrizar, pero sé que sólo es cuestión de un poco más de tiempo. Sé que quedarán marcas, pero eso me recordará que no debo cometer los mismos errores, y si vuelvo a tropezar, trataré de levantarme con más fuerza. La experiencia es un grado!!!
No voy a describir los acontecimientos que han marcado estos cuatro meses de mi vida porque no quiero extenderme demasiado, eso será para otra entrada en el blog, pero sí he de decir, que estoy aprendiendo a vivir con los recuerdos sin que estos condicionen mi presente. He empezado a abrir puertas y a cerrar heridas como diría Gloria Estefan. Me he propuesto vivir mi propia vida dejando de ser una mera espectadora. Me he convencido de que tengo mucho que ofrecer, pero lo más importante de todo, es que ahora sé que el amor no consiste en dejar de lado tu vida para que otros se sientan felices, porque la felicidad cobra sentido cuando es compartida. El amor verdadero es un "toma y daca" sin condiciones, sin complejos, sin temores, sin mentiras.El amor verdadero no entiende de orgullo y se basa en la confianza y el respeto