martes, 21 de julio de 2009

Se nos rompió el amor...de mal usarlo.

Los motivos que terminan con una relación de pareja sólo incumben a sus protagonistas. Lo que sucede de puertas para dentro, en la gran mayoría de los casos, no tiene nada que ver con lo que se proyecta al exterior, de cara a la galería.
Es habitual que ante algunas separaciones, las personas que están cerca de la pareja en cuestión, se lleven las manos a la boca con gesto de sorpresa y murmuren comentarios como “quién lo iba a decir” o “se les veía muy bien juntos”.
Estos últimos días he tenido la oportunidad de colarme a través de la radio, en la vida de muchas personas cuyas relaciones fracasaron por los motivos más variopintos, inesperados e incluso sorprendentes.
Hay un denominador que es bastante común en casi todas las rupturas sentimentales, la falta de comunicación y la rutina. Desde mi punto de vista, ésta es la base que sustenta prácticamente todas las rupturas sentimentales, aunque aparentemente los motivos finales pasen por otros cauces.
Evidentemente hay muchísimas relaciones que terminan porque se acabó el amor, quizás de tanto usarlo como dice la canción o quizás de usarlo poco. Yo diría que probablemente por hacer un mal uso del mismo.
Las terceras personas son otro motivo más que frecuente para que una relación haga aguas, pero en este punto deberíamos plantearnos el por qué permitimos que una tercera persona se cuele en nuestra relación sentimental.
Desde mi modesta opinión, una relación a tres bandas, sólo es posible cuando uno de los miembros de la pareja tiene predisposición a dejarse conquistar, buscando probablemente lo que ya su “media naranja” no le aporta, llámese cariño, comprensión o sexo simplemente.
No soy capaz de concebir la idea de que se pueda estar enamorado/a de dos personas a la misma vez. El amor de verdad es demasiado complejo y absorbe tanto que sería imposible querer con la misma intensidad a dos personas al mismo tiempo.
En el programa radiofónico al que he hecho referencia, he escuchado todo tipo de comentarios, sorprendiéndome muchos de ellos, especialmente el de una señora que aún sabiendo que su esposo llevaba tiempo calentando las sábanas de otra cama además de la que compartían juntos, se empeñaba en afirmar que el susodicho seguía enamorado de ella y que lo único que buscaba con la “otra” era pasar el rato, ya que según añadió “su marido en casa era muy bueno y la trataba muy bien”.
No pretendo abrir ningún debate sobre si la infidelidad se debe o no se debe perdonar o si ésta puede llegar a tener justificación. Eso es una cuestión muy personal en la que ni entro ni salgo. Lo que sí puedo decir, es que a nivel personal dudo sobremanera que yo fuera capaz de quedarme tan pancha sabiendo que mi pareja mantiene una relación paralela a la nuestra. No es lo mismo perdonar un desliz puntual, un error, una metedura de pata, que convivir con un infiel declarado.
Dios me libre de que mis palabras transmitan un mínimo de reproche hacia esa señora que quizás y es lo más probable, tenga motivos para tolerar o simplemente soportar esa situación en la que no me gustaría verme jamás en la vida.
Me he puesto a pensar en mi situación personal, en mis propias experiencias y creo que quizás sí…podría llegar a perdonar una infidelidad pero con el convencimiento de que mi relación tarde o temprano agonizaría en su lecho de muerte. Siempre fui de las que dijo que jamás perdonaría que le pusieran los cuernos, y aunque nunca tuve la certeza de que debía agacharme un poco más de lo habitual en los espacios pequeños, sé lo que se siente cuando crees por no decir que estás casi segura, de que la persona de la que tú sí estás enamorada te es infiel.
La duda es quizás peor que la confirmación del hecho. Esa duda trajo consigo la desconfianza, la inseguridad en mi misma y por ende, los reproches que minaron buena parte de la relación. Sé lo que se siente al imaginarlo en brazos de otra, regalándole los besos y las caricias que debían ser exclusivamente para mi, y me revolvía de dolor. Viví con ello pero sin que ello me dejara vivir plenamente. Por lo tanto, creo que la certeza de compartirlo con otra, hubiera sido demasiado dolorosa como para soportarla durante mucho tiempo. La relación hubiera muerto lentamente, y de hecho, aunque en mi caso no fue el motivo de la ruptura, sí que condicionó mucho que nuestra relación no tuviera nunca la transparencia y la seguridad que yo necesitaba.
Por todo esto, creo que quizás el amor es capaz de vencer cualquier obstáculo, incluso la intromisión de otras personas en nuestra vida sentimental, pero me pregunto: ¿sigue vivo el amor cuando está herido de muerte o acaso sólo sobrevive como puede?
No quiero extenderme mucho más en esta entrada para no cansarte con mis divagaciones, pero te aseguro que seguiré colándome en la vida de otras personas anónimas que, a través de las ondas de la radio, necesitan compartir su experiencia para soltar un poco de lastre. Estas historias ajenas, a veces se parecen mucho a nuestras propias historias personales y creo que nos pueden aportar muchas cosas o por lo menos, invitarnos a la reflexión.
Por cierto, según Fernando Sabino, "la infidelidad es como estar de socio con alguien y robar dinero de la caja”(me gusta la definición)
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