miércoles, 1 de julio de 2009

Abriendo puertas...cerrando heridas.

Han pasado exactamente cuatro meses desde que salió por la puerta, con una pequeña maleta en la que supuse llevaría sus principales enseres, para pasar unos días en su isla natal. Por el tamaño de ésta y porque nunca pensé que las cosas pudieran desmoronarse con tanta facilidad, jamás imaginé que sería para no regresar. Que su ida no tendría vuelta, que no habría una segunda parte, que cerraría la puerta para no volverla a abrir.
Así son las cosas de la vida, inesperadas y sorprendentes. Nos olvidamos habitualmente de que por muchos planes de futuro que tengamos y por muchos proyectos que intentemos construir, ella se encarga de gestionar nuestro tiempo a su antojo, a su manera, aunque a veces resulte todo un despropósito de situaciones o circunstancias.
Aquel primer día de marzo era domingo y decidí que por primera vez en mi vida me mantendría al margen de una situación que yo no había creado. No volvería a echarme la culpa de un problema que no era mío. Decidí que por primera vez tendría la paciencia suficiente para esperar que fuera él quien tratara de arreglar las cosas, aunque me costara un esfuerzo casi sobrehumano mantenerme al margen del asunto.
Y así fue. Día tras día, hora tras hora me mantuve expectante de una llamada, un mensaje, una disculpa, un simple “lo siento, me equivoqué”.
Horas interminables, días que se me hacían eternos y que bloquearon mi vida por completo. Me convertí en una mera espectadora de lo que me estaba sucediendo, esperando despertar de un mal sueño. Me negaba a creer que era real, que la persona con la que había compartido los últimos cinco años de mi vida, pudiera olvidarse de mi con semejante rapidez, que tuviera la capacidad de llevarse mi vida en aquella pequeña maleta sin ningún tipo de compasión.
Era inconcebible que todas sus palabras de amor y sus promesas, significaran tan poco para él. No podía asimilar que quien era mi razón de vivir hasta entonces, por quien yo había dado tantos pasos en la lucha por mantener vivo nuestro amor, a quien le había regalado mis mejores momentos, tuviera la sangre y el corazón tan gélidos como para olvidarse de mi, sin ningún tipo de justificación, sin una explicación aparente, sin una última charla.
Mi mundo se vino abajo como un castillo de naipes que ya es demasiado grande como para soportar una carta más. Como un puñado de arena fina que el viento dispersa y que jamás volverás a recuperar. Lo peor de todo es la sensación de no saber por qué, de no obtener respuestas a todas esas preguntas que te planteas constantemente.
No tuve mucha gente a la que sujetarme para evitar hundirme cada día un poco más, mi lista de posibles personas con las que salir a flote era demasiado reducida, más de lo que me hubiera gustado, pero los pocos nombres que figuraban en ella, son amigos de verdad.
A ellos les debo el coraje y la fuerza de levantarme cada mañana. Por ellos siempre tuve claro que el mundo no se detenía a pesar de mi “desgracia”. Ellos fueron como un resorte, si me hundía me impulsaban. Me regalaron su tiempo sin condiciones, escuchando cada lamento sin mirar el reloj, dejando incluso de lado sus obligaciones para que yo no me sintiera tan sola. Viviendo mi vida, como si fuera la suya.
A esas personas quiero dar las gracias desde aquí, este humilde foro en el que trato de expresarme sin maquillaje.
Gracias Jonay por estar ahí en cada momento, por brindarme tu casa como si fuera la mía. Por defenderme como un “cancerbero”, por los nervios que pasaste (tú sabes bien a qué me refiero), por buscarme asesoramiento y por tantas frases que me regalaste, especialmente ésta: ”mi niña, te digo yo que el tiempo todo lo cura”. Por el convencimiento tan grande que transmitiste con ella y la rotundez con la que se grabó en mi mente.
Melissa, gracias por tantos trayectos de tu casa a la mía. Por todas las coca colas que tuviste que meterte entre “pecho y espalda” mientras yo me atiborraba a cafeína. Por todos tus consejos basados en tu propia experiencia, por repetirme que hay mucha gente que me quiere (tú una de ellas). Por aguantar con los ojos abiertos cuando a las tantas de la noche yo necesitaba hablar con alguien y por acompañarme cuando di los primeros pasos en busca de una vida nueva.
Elisa, gracias por tantas y tantas llamadas para preocuparte por mi. Por presentarte de nuevo en mi vida como si el tiempo no hubiera pasado, recordándome que la vida está llena de oportunidades y que tú eres el ejemplo.
Noelia, gracias por estar ahí desde la distancia que nos separa. Tan lejos físicamente pero tan cerca de corazón. Por las largas conversaciones en las que reímos y lloramos juntas. Porque a pesar de estar metida de lleno en tus estudios, con la cuenta atrás pisándote los talones, siempre tuviste tiempo para escucharme.
Gracias Nena, Yanet, Felipe, Quique, Fran, Simón, Javi, Esther, Marián, Cristina, Valentín, Encio, que de una forma u otra, directa o indirectamente, también aguantaron mis lágrimas, mi angustia y mi pesar, con toda la paciencia del mundo.
Mamá, papá y abuela…menudo disgusto les he dado!!!. Gracias por apoyarme y tratar de disimular el dolor que todo esto ha supuesto para ustedes.
Gracias Jose por llegar en el momento preciso y tragarte mi marrón, ofreciéndome por encima de todo, tu amistad.
A todos ustedes, reitero mi agradecimiento por brindarme lo que yo más necesitaba en un momento en el que me sentía vulnerable e insignificante…compañía, comprensión, ánimo, cariño y amistad. Gracias por tratar de sacarme una sonrisa cuando el llanto no me dejaba ver más allá.
Han pasado cuatro meses, y sí, tenías razón Jonay, “el tiempo todo lo cura”, aunque hay heridas que siguen sin cicatrizar, pero sé que sólo es cuestión de un poco más de tiempo. Sé que quedarán marcas, pero eso me recordará que no debo cometer los mismos errores, y si vuelvo a tropezar, trataré de levantarme con más fuerza. La experiencia es un grado!!!
No voy a describir los acontecimientos que han marcado estos cuatro meses de mi vida porque no quiero extenderme demasiado, eso será para otra entrada en el blog, pero sí he de decir, que estoy aprendiendo a vivir con los recuerdos sin que estos condicionen mi presente. He empezado a abrir puertas y a cerrar heridas como diría Gloria Estefan. Me he propuesto vivir mi propia vida dejando de ser una mera espectadora. Me he convencido de que tengo mucho que ofrecer, pero lo más importante de todo, es que ahora sé que el amor no consiste en dejar de lado tu vida para que otros se sientan felices, porque la felicidad cobra sentido cuando es compartida. El amor verdadero es un "toma y daca" sin condiciones, sin complejos, sin temores, sin mentiras.El amor verdadero no entiende de orgullo y se basa en la confianza y el respeto

2 comentarios:

  1. Sabes que puedes contar con nosotros para lo que necesites. Todo el tiempo que te hemos regalado ha ayudado en tu recuperación y esa es la mayor satisfacción y la mas grande contraprestación...sobran los agradecimientos.
    Como también te dije en su momento, te ha ocurrido lo mejor que podía ocurrirte a ti y a los que estamos a tu alrededor. Estas empezando a darte cuenta de que el mundo, la vida, es mucho mejor que antes. Has rejuvenecido y no sólo en el aspecto físico. Has dejado un papel de madre aguanta-carrosycarretas que no te corresponde para asumir por fin el tuyo: el de una muchacha joven con tiempo y ganas para comerse el mundo.
    No vuelvas a dar tantas oportunidades a quien no las merece, no permitas nunca mas que lo que ofreces no sea correspondido en igual proporción...
    Te quiero muchisimo aunque no te lo diga con demasiada frecuencia.

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  2. Acabo de encontrar este blog y ha sido como verme reflejada en un espejo... ha sido increible leer la misma situación que estoy pasando en este momento. Gracias de verdad por plasmarlo, me ha ayudado mucho.

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