jueves, 30 de julio de 2009

Aquí estoy yo...

Hoy he pasado buena parte de la mañana ojeando distintos blogs cuyas direcciones han llegado hasta mi de casualidad. Tenía interés en hacerme una idea más precisa de para qué utiliza la mayor parte de la gente este tipo de espacios cibernéticos.
Los hay de todo tipo. Literatura, cine, arte, música, opinión, (cultura en general), y sobre todo los hay que abordan la vida y milagros de sus protagonistas.
Sin darme cuenta me enfrasqué en la vida de personas muy dispares entre sí, haciendo míos sus pensamientos, alegrándome de sus logros y resoplando por sus fracasos.
La cuestión es que he pasado horas inmersa en un montón de historias, poniéndome en el lugar de otras personas y olvidándome de mirar el reloj. Olvidándome de mi propia vida. Esto me ayuda a corroborar que quienes leemos los blogs de personas desconocidas, en el fondo deseamos escapar temporalmente del mundo que nos rodea.
A través de esta ventana nos permitimos la licencia de expresar pensamientos, emociones, sentimientos, miedos o preocupaciones, que son más fáciles de compartir con personas desconocidas que con nuestro propio entorno.
Desnudarnos interiormente, abrir nuestra particular caja de pandora y dejar que se escape lo que hay dentro, para que alguien como tú o como yo, lo atrape en forma de palabras, líneas…historias al fin y al cabo. De eso se trata.
Creo que escribir sobre nuestras experiencias es como visitar al psicólogo pero más barato. En el fondo todos estamos deseando que alguien nos escuche. Por paradójico que suene, cada vez nos comunicamos menos entre nosotros, a pesar de que estamos en la llamada era de la comunicación. Demasiada información procedente de todo tipo de medios (prensa escrita, radio, televisión, internet) y sin embargo, cada vez dedicamos menos tiempo a charlar con la gente de nuestro entorno.
Las prisas, el trabajo, el estrés, el agobio de llegar a final de mes con algo en la nevera…nos convierten en seres cada vez más independientes, más aislados. Por eso, muchos de nosotros al final buscamos cualquier ventanita a la que asomarnos para gritarle al mundo “aquí estoy yo”

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